Editorial Nº26

Mi columna dominical pretende ser realidad (o no) y ficción (o no) semana tras semana. Una mezcla de temperaturas. Es la forma que encuentro para mostrarles que lo importante es lo que pasa entre foto y foto.

Buscaré aquí un guiño que vaya bocetando el propio sistema de creencias de una persona normal, que intenta un balance para que la vida tenga sentido todo el tiempo. Salud!

FRÍO

El uso de la gelatina como agente terapéutico se remonta a la antigua China. Probablemente se convirtió en el primer alimento funcional cuando el matemático francés Papin inventó una máquina que llamó digestor en 1682. El digestor de Papin era un aparato que cocinaba huesos o carne al vapor para extraer de ellos una gelatina. Del mismo modo que hoy las vitaminas ocupan el centro de la escena nutricional, hace doscientos años era la gelatina la protagonista de los estudios científicos relacionados con la nutrición. Sus principales fanáticos eran los franceses, que por entonces procuraban formas eficientes de alimentar a sus ejércitos y al inmenso número de indigentes que poblaban las calles de París y otras ciudades. Aunque la gelatina no es una proteína en sí misma -es solo una poderosa fuente de los aminoácidos arginina y glicina- tiene el poder de potenciar las proteínas, y por eso puede transformar un par de bocados de carne en una comida completa. Durante el sitio de París, cuando escaseaban las verduras y la carne, un médico llamado Guerard puso a sus pacientes en una dieta a base de caldo de huesos y grasas, y todos sobrevivieron. También fueron los franceses quienes lideraron las investigaciones más relevantes sobre la gelatina hasta los años 50. Probaron su eficacia en el tratamiento de numerosas enfermedades, como las úlceras pépticas, tuberculosis, diabetes, deficiencias musculares, infecciosas, ictericia y hasta cáncer. Los bebés presentaban menos trastornos digestivos cuando se le agregaba gelatina a la leche, decía otro estudio de esa época. El investigador norteamericano Francis Pottenger observó que la gelatina es una coloide hidrofílico, lo que quiere decir que atrae y retiene líquidos, y por ende mejora la digestión porque funciona como un imán para que los jugos gástricos hagan su trabajo”, dice la nota Broth is beautiful publicada en The Weston A. Price Foundation

CALOR

El Cherry Blossom es el evento natural en el que florecen los cerezos y anuncia el fin del invierno en Nueva York. Aunque también se pueden ver algunos cerezos en el Central Park, este es el evento que recomendamos, en el Jardín Botánico de Brooklyn entre plantas y arboles maravillosos.

¿Sabían que los cerezos están preparados para soportar temperaturas más bajas que otros arboles frutales?

En el Jardín Japonés los cerezos florecen en el mes de julio.

Las flores del cerezo se llaman sakuras y son símbolo de la felicidad efímera y de lo fugaz que es la vida, porque en su mejor momento, en su esplendor, se desprenden. 

Para los japoneses, la felicidad dura muy poco, como esta floración, por eso disfrutan de ver florecer estos árboles al máximo.

La flor del cerezo fue emblema de los guerreros samurais. Su aspiración era morir en su plenitud, en una batalla, y no marchitarse, como tampoco se marchita esta flor. Cae intacta. 

La leyenda cuenta que, en principio, las sakuras eran blancas y que fue la sangre de los samuráis la que las tiñó, por eso hay cerezos con flores blancas y otros con flores rosas.

La cereza es el sabor que elegimos en TheGelatina. Creemos que todo tiene que ver con todo si volvés a leer o escuchar cada una de estas líneas.

SerEsa. La que quieras ser. 

Hoy cumplimos 6 meses desde que nació esta mezcla que viene gestándose en mi hace muchos años, con frío, muchísimo, y con calor otro tanto. Muchísimo otro tanto.

Es una bendición crear todos los días un medio que investiga la búsqueda que tenemos las personas. 

Para mi esta búsqueda fue esta mezcla, tardé años en encontrarla. 

Varios años de piloto automático.

Varios años de supervivencia, claro que otros fui muy feliz.

Y hubo otros años sin consuelo.

Investigando para este número también caí en la cuenta,  que mi primer cita –porque fue toda una cita– con Juan fue en el Jardín Japonés. 

Jardín repleto de cerezos. 

Yo le pedí ir ahí. Sólo porque nunca había ido a ese restaurant.

Supongo que sólo por eso. O no.

Aunque creo tanto en este grandioso universo. 

Salud! 

Salud y gracias de corazón por estos meses.

L.-