Atención a las entrañas

Tenemos dos cerebros. El que está en la cabeza y el que está en el ombligo. Conocido técnicamente como sistema nervioso entérico, “el segundo cerebro” se aloja en los nueve metros de extensión del tubo digestivo que empieza en el esófago y termina en el ano. Son 500 millones de neuronas que están en permanente comunicación con las de la mente y regulan no solamente los hábitos alimentarios sino también muchas emociones. “Lo que ocurre en las partes del cerebro que controlan nuestras emociones se refleja en el aparato digestivo, y lo que ocurre en el aparato digestivo, como respuesta a lo que comemos, afecta nuestro cerebro. Si bien esta relación bidireccional está presente en todas las personas, muchas no son conscientes de ella. Sin embargo, hay personas que son extremadamente sensibles y generan hipersensibilidad a diversos alimentos o sufren ansiedad, y pueden presentar síntomas del colon irritable”, dice el doctor Emeran Mayer en una entrevista para GOOP. 

Según Mayer, el intestino no es el segundo cerebro sino el primero. Y esto no es una afirmación arbitraria sino que tiene su fundamento en estudios científicos que buscan probar que el aparato digestivo es una versión temprana del sistema nervioso original. Lo cierto es que el 90% de las comunicaciones del cuerpo con la mente parten del aparato digestivo, y la mente las atiende o desatiende, pero explican mucho de lo que nos pasa en el cuerpo. Por eso “escuchar al cuerpo” es cada vez menos una expresión y cada vez más una necesidad. Porque no es el cerebro de la cabeza el que tiene el control de la salud del cuerpo: es el aparato digestivo el que contiene la información que se necesita para adaptarse mejor al medio.

La microbiota

“El aparato digestivo contiene más de 100.000.000.000.000 microorganismos de mil especies diferentes; hay diez veces más microbios en el cuerpo humano que células”, dice Chris Kresser en su libro “Your Personal Paleo Code”. Se llama microbiota a este colectivo de bacterias, que asiste en el proceso digestivo, regula el metabolismo y contiene alrededor del 80% de las células del sistema inmunológico del cuerpo. Un sistema digestivo sano libera la correcta cantidad y calidad de microorganismos, lo que mantiene al cuerpo saludable. Cuando se produce un desequilibrio en este mecanismo, se da lugar a lo que se llama disbiosis, un proceso que puede derivar en enfermedades varias. 

La microbiota de un cuerpo empieza a formarse tan temprano como antes de nacer. Si bien los primeros microbios que recibe un feto están en el líquido amniótico, es en el momento del parto cuando el bebé toma contacto con las primeras bacterias de su madre. Dice Chris Kresser: “Esto explica por qué el tipo de parto -si es vaginal o por cesárea- determina la microbiota inicial. En un parto vaginal, la primera exposición del bebé es a las bacterias del canal de parto; en una cesárea, a las bacterias de un hospital.”

La microbiota se desarrolla y altera durante toda la vida. Después del parto viene la primera alimentación del bebé, que también será determinante en la composición bacteriana según sea leche materna o de fórmula. Y sigue definiéndose con los años según lo que comamos, pero también según el ejercicio que hacemos, el estrés, el medioambiente, las toxinas, y numerosos otros factores. 

En la entrevista de GOOP, el doctor Mayer cita el caso de una tribu indígena que viven en el Alto Orinoco, en Venezuela: “Los yanomamis presentan la mayor diversidad y abundancia de microbios intestinales del mundo, lo que ya se puede ver en los bebés de la tribu. Algunas de las causas pueden ser que las madres yanomamis amamantan a sus hijos durante hasta tres años y tienen una alimentación basada principalmente en productos vegetales, y que los bebés están expuestos desde su nacimiento a una gran cantidad de microbios saludables del medioambiente y no reciben antibióticos.” 

Qué le hace el gluten al intestino

En la misma entrevista que le hizo GOOP al doctor Mayer, continúa: “El microbioma se encuentra en un estado óptimo cuando cuenta con una gran diversidad de microorganismos beneficiosos y un alto porcentaje de microbios que ayuden a mantener la mucosa saludable. Este estado óptimo va acompañado de una activación inmunitaria mínima, la menor permeabilidad intestinal posible, una excelente función cognitiva y una sensación de bienestar. Los desequilibrios pueden producirse debido a una mala alimentación, por ejemplo, alta en grasas o azúcar y baja en fibras, y también como resultado de estrés crónico o de una situación traumática, los cuales pueden afectar el buen funcionamiento de la barrera intestinal, aumentar la permeabilidad, reducir el número de microbios beneficiosos en el intestino y fomentar señales hacia el aparato digestivo que incrementen el desequilibrio emocional.”

Sebastián Larosa (@dr.larosa) es un médico argentino promotor del anti-gluten. En un video de su cuenta de IG explica las razones: “El gluten es un compuesto de macromoléculas de las cuales la más importante es la gliadina. Cómo responde tu cuerpo a la gliadina te ubica en un lugar u otro de la tabla de tolerancia al gluten. En un análisis de sangre de un paciente se ven los anticuerpos que dispara la gliadina: un paciente celíaco va a presentar valores altísimos, obviamente, pero lo importante es detenerse a observar que los anticuerpos también están presentes en los análisis de sangre de personas que no son celíacas pero que igual reaccionan a una sustancia que es dañina para su cuerpo. Nadie, ningún paciente, tiene valor cero en el estudio de estos anticuerpos.”

El Dr. Larosa también se refiere la incidencia del gluten en el intestino permeable. El intestino naturalmente deja pasar nutrientes importantes para el cuerpo a través de las células que se encuentran en sus paredes. En un intestino permeable, la apertura de las células epiteliales está lo suficientemente agrandada como para que pasen al cuerpo partículas y microbios que no deberían pasar y que terminan produciendo una inflamación que puede disparar enfermedades del sistema digestivo, pero también otras. 

“La molécula del gluten separa las uniones intercelulares de la mucosa intestinal. Imagínate que sos el dueño de un boliche y tenés a alguien en la puerta para elegir quién entra y quién no entra. Esto es como si un grupo de fanáticos de fútbol, borrachos, entrara a tu disco por la puerta de atrás: vos sabés que van a romper todo… El problema acá es que están entrando por entre las células en vez de atravesar el proceso de filtrado natural que existe en las mucosas. Este es un factor clave, porque deja que entren cosas al cuerpo que no deberían entrar y generan autoinmunidad, inflamación y enfermedades crónicas a largo plazo.”

Pensarlo dos veces

¿Por qué cuando algo nos afecta psicológica o emocionalmente nos llevamos las manos a la panza? ¿Es un reflejo cualquiera? ¿O responde al impacto directo que esto tiene en nuestro sistema digestivo?

Nuestros dos cerebros son tan parecidos en su composición y están tan relacionados que podría decirse que funcionan como uno. “Si partimos de la base de la interacción entrañas-cerebro, nos va a resultar mucho más fácil entender por qué sentimos náuseas cuando estamos a punto de dar una presentación, o por qué el estrés nos da ganas de ir al baño. Esto no significa, sin embargo, que todo lo que pasa en el sistema digestivo está en nuestra cabeza. Lo psicológico se combina con lo físico para dar lugar a las molestias digestivas. Los factores psicosociales inciden en la fisiología del aparato digestivo tanto como otros síntomas. En otras palabras, el estrés (o la depresión u otros factores psicológicos) pueden repercutir en los movimientos del tracto gastrointestinal, empeorar la inflamación, o hasta aumentar la susceptibilidad a una infección”, escribió Anthony L. Komaroff para Harvard Health Publishing. 

Y viceversa. Los problemas digestivos crónicos pueden tener relación con trastornos neurológicos y se vinculan al Parkinson, la esclerosis múltiple y a otras enfermedades autoinmunes.

Mens sana in corpore sano

Como cada cuerpo es distinto, distintas son también sus reacciones a los alimentos y las conductas que las personas eligen para vivir. Por eso no existe un protocolo universal para mantener un sistema digestivo saludable. 

Sin embargo, los especialistas coinciden en algunos criterios:

  • Evitar los alimentos que pueden dañar el aparato digestivo, como el azúcar, el gluten y el alcohol, que alteran la microbiota y tienen un impacto directo en la barrera intestinal. 
  • Aumentar los alimentos que curan el aparato digestivo, como el caldo de huesos (rico en glicina y gelatina, que reparan la barrera intestinal), las fibras solubles (en frutas, vegetales y frutos secos) y los alimentos fermentados (kimchi, pickles, yogur, miso, kefir y kombucha). Los alimentos fermentados contienen microorganismos muy benéficos para el tracto digestivo. 
  • Controlar la ingesta de antibióticos, porque pueden arrasar con las buenas bacterias.
  • Para el doctor Mayer, la forma en la que nos alimentamos también es crucial en los resultados: “De acuerdo con los estudios realizados sobre los beneficios de la alimentación mediterránea, los factores sociales, especialmente compartir comidas con amigos y familiares, cumplen un rol importante en el impacto de esta alimentación en la salud, además de los beneficios que ofrecen las comidas basadas mayormente en alimentos de origen vegetal. Existe una antigua conexión entre las situaciones emocionales positivas (como bodas, cumpleaños, vacaciones e incluso funerales) y el acto de compartir una comida. La mayoría de las culturas reconocen esta estrecha conexión y tratan de mantener y nutrir esta tradición. La manera en que comemos es tan importante como lo que comemos. Mi consejo es que traten de compartir comidas con sus amigos y familiares, en lugar de comer frente al televisor, al menos tres veces por semana.”

La importancia de las entrañas en el bienestar general de un cuerpo estimula el crecimiento sostenido del mercado de los probióticos que, según el diario inglés The Guardian, se estima que facture U$ 64 billones en el año 2023. Sin embargo, la autora del bestseller “Gut”, Giulia Enders, dice: “Creo que pensar que muchas o casi todas las enfermedades tienen su raíz exclusiva en las bacterias del sistema digestivo no va a terminar siendo cierto. Los seres humanos son animales muy complejos con múltiples conexiones entre la mente, la alimentación, el estilo de vida y el medioambiente. Lo que es cool es que es mucho más fácil alterar lo que pasa en la panza que en los genes.”


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