Como las abejas

Problema compartido, problema resuelto.

“Existen problemas de la física que se resuelven mejor en equipo que individualmente”, dice el estudio Shaking the swarm (Agitando el enjambre), publicado por investigadores de Harvard en 2018. El objetivo del estudio era descifrar por qué los enjambres de abejas son capaces de desafiar la ley de gravedad y mantenerse colgados de la rama de un árbol aún soportando tormentas y vientos fuertes.
Un enjambre se forma cuando una abeja reina se aparta de una colonia anterior y se lleva con ella un grupo de obreras para armar otra colonia. Juntas forman una estructura cónica que cuelga de la rama de un árbol, y se mantiene así durante días, resistiendo cualquier factor externo.
La pregunta es: ¿cómo hacen las abejas para mantener la forma del enjambre si cada una de ella carece de la visión de conjunto y sólo puede interactuar con la abeja que tiene al lado?
“Cada individuo que forma el enjambre decide en qué dirección responder a la fuerza que lo amenaza (una fuerza vertical u horizontal sobre la rama, la lluvia o el viento) gracias a la conexión con su vecino”, dice el estudio.
“Es como cuando hacés una ronda con los ojos tapados. No podés saber en qué dirección se está moviendo la ronda, pero sí sabes en qué dirección se mueve tu compañero porque le estás dando la mano. Tampoco podés adivinar cuándo llega ese momento en el que todos se sientan, pero te das cuenta cuándo te tenés que sentar vos porque tu vecino te tira para abajo.”
Como abejas en un enjambre, muchas veces nos damos cuenta de lo que tenemos que hacer por las señales que nos da un compañero. Es el famoso trabajo en equipo, una lección de supervivencia.

Nadie se salva solo
“La abeja es un animal social”, cuenta a TheGelatina Roberto Imberti, apicultor y tesorero de SADA (Sociedad Argentina de Apicultores), que se enamoró de las abejas después de hacer un curso en SADA. “Me enamoré viéndola trabajar, ese animal tan chiquito y todo lo que hace por al medio ambiente, por su poderoso sistema de comunicación, por la miel… Te doy un ejemplo. La abeja hace algo que nosotros llamamos la danza del abdomen. Cuando encuentra una fuente de néctar, vuelve a la colmena y hace un baile que es como un ocho acostado: camina moviendo el abdomen con mayor o menor frecuencia de acuerdo a si la fuente de néctar está más cerca o más lejos de la colmena. Ese camino que hace la abeja puede tener una inclinación hacia un lado o hacia otro, pero la inclinación que dibuja es exactamente el ángulo que hay entre el sol y la fuente de néctar. Esa danza es el lenguaje de la abeja para decir que encontró néctar, si hay mucho o si hay poco y en qué dirección hay que salir a buscarlo.”

Contanos un poco de la famosa organización social dentro de la colmena.
“Antes que nada, hay que decir que la colmena se piensa como un individuo. A pesar de estar compuesta por muchos individuos, nosotros los apicultores la llamamos animal colmena. Una colmena contiene diez cuadros, diez panales. El panal es el cuadro que tiene la miel y la cera, es la construcción que almacena alimentos y cría.”
“En la colmena viven la reina, las abejas obreras y los zánganos. La reina es la única que pone huevos. Pone huevos fecundados que dan origen a individuos hembra y huevos no fecundados que dan origen a individuos machos. La reina pone 2000 huevos por día en temporada: 90% son hembras y 10% son machos. Una reina puede vivir cinco años, pero comercialmente a los dos años se la cambia porque empieza a declinar la postura”, cuenta Imberti.
“Después están los zánganos, cuya única función es fecundar a la reina. Y las obreras, que hacen muchas cosas: apenas nacen, limpian su celda y durante doce días son nodrizas (alimentan a las larvas porque en esos días pueden producir jalea real). Después hacen de guardianas, para mantener alejados de la colmena a otros individuos que no pertenecen a ella. Su última función es la de pecoreadora, que es cuando sale a buscar el polen y el néctar.”

¿Cómo se hace una abeja reina?
“La reina tiene feromonas que marcan su presencia en la colmena. Cuando la reina abandona una colonia para formar otra, las feromonas desaparecen y entonces las obreras que quedaron (porque entre el 40 y 60% de la población se va con ella) se dan cuenta de que no tienen reina y producen otra. Lo que hacen es alimentar una larva de una manera diferente a cómo alimentan a las otras. A las larvas comunes se las alimenta durante cinco días con papilla vasta (mezcla de polen, miel y jalea real). Cuando necesitan hacer una reina, a esa larva la alimentan durante tres días sólo con jalea real: de ese proceso sale un individuo que tiene un abdomen más grande porque desarrolló las ovariolas, lo que le permite fecundarse.”

¿Cómo producen la miel?
“La abeja va a la flor y recolecta néctar, que contiene 20% de azúcares y 80% de agua. Ya en el viaje viene evaporando el agua. Cuando llega a la colmena, lo deposita en los panales y por un proceso que hace con sus alas, va evaporando el agua hasta que se transforma en 80% néctar y 20% de agua. También agrega enzimas en el proceso. Entonces tapa la celda con cera para que no entre más humedad y eso ya es miel.”

¿Cada región tiene su miel? ¿Cuál es la más rica del mundo?
“La más rica es la que más te guste. La calidad y el sabor de la miel dependen de la floración, que define el color, el gusto y la concentración de azúcares. La miel argentina, que es de muy buena calidad, en general es miel de pradera. Quiere decir que se obtiene de una floración mezclada: es la miel de mil flores. En algunas zonas del país hay floraciones más definidas (en Entre Ríos con el eucalipto, en Córdoba con el algarrobo y en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, con la flor amarilla), pero en general es miel de pradera.”

¿Te picó una abeja alguna vez?
“Sí, muchas veces. Depende el momento, puede que la abeja esté nerviosa porque va a llover o hay tormenta, o también se altera cuando al final de la temporada empieza escasear el néctar, o porque la apretaste sin querer… Por eso cuando uno trabaja en la colmena trata de hacerlo tranquilo, sin movimientos muy bruscos, tratás de no golpearla.”

Save the bees
Las abejas son responsables del 80% de toda la polinización del mundo. Los granos se polinizan por acción del viento, pero las frutas y las verduras, por ellas. Según la página Save the bees, hay que agradecerle a las abejas uno de cada tres alimentos que uno se lleva a la boca. Y, sin embargo, están muriendo. En los últimos diez años se redujeron aproximadamente en un 30% el número de colmenas, y también sus poblaciones. Y esto pasa por el efecto de los agroquímicos pero también por sequías, polución, calentamiento global, muchos factores relacionados.
“Mientras el mundo occidental se preocupa por la abejas, en Berlín y otras ciudades de Alemania son tendencia. En los negocios orgánicos cool y los mercados públicos se encuentran cada vez más variedades de mieles locales. La gente monta una colmena en su balcón y siente que está haciendo un aporte a la naturaleza”, escriben Christopher F. Schuetze y Palko Karasz para The New York Times.
No todo el mundo es fanático de las abejas. Cuando pican duele, y algunas personas son alérgicas a su aguijón. Pero, como decía Darwin, este insecto es una prueba viviente de que las plantas y los animales más distantes en la escala de la naturaleza están unidos por una red de complejas relaciones. Sin ellas, estamos en problemas.

Nuestra colmena
Camilo José Cela fue un escritor español que se ganó el Premio Nobel de Literatura. Entre muchos otros libros, escribió uno que se llamó La colmena. Se trata de una novela polifónica, con muchos personajes y muchas historias. Es un retrato del Madrid de la posguerra, escasez, mal genio, la vida en la calle, los cafés, personas de ceño fruncido, diálogos truncos, cada uno en su tema. La forma de la novela es coherente: son muchos relatos, episodios cortos, no integrados sino separados por espacios en blanco. El título, “la colmena”, es la metáfora de lo que quiere contar: cada uno en sus cosas, cada uno en su celdita. Como ahora, que estamos cada uno en nuestra casa y compartimos el piso y la pared con el vecino. Y nuestro edificio comparte la medianera con otro edificio. Y así en progresión, una colmena de cemento.
Es difícil lo que nos toca en estos días. Ver que estamos unidos por algo que no vemos, cada uno en su celda pero haciendo el trabajo entre todos, por todos. Es difícil porque trae al frente un debate muy antiguo, el del conflicto entre las elecciones individuales y el bien común. “Lo que está en primer plano es el valor de la solidaridad. Hay enormes disparidades entre lo que algunos tienen que enfrentar por el bien de todos y lo que hacemos los demás. Los doctores, los enfermeros y otros trabajadores de la salud están poniendo en riesgo su vida todos los días. El resto de nosotros es bastante poco lo que podemos aportar a esta crisis. Por eso uno se siente a menudo tan frustrado. Aunque, en verdad, quedarnos en casa es lo más solidario que podemos hacer por aquellos otros que están poniendo el cuerpo”, dice Alison Hills en The Guardian esta semana.
Trabajar entre todos para producir algo es bastante parecido a lo que hacen las abejas. Tal vez, quién sabe, después de la lluvia salga el arco iris. Y abajo, donde el arco iris se toca con la tierra, encontremos el pote con la miel más rica que le hacía tanta ilusión a Winnie the Pooh.

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