Dejá de ser vos

El método Joe Dispenza para recablear el cerebro.

Tenemos dentro de nosotros mismos todo lo que necesitamos para cambiar nuestras vidas. No estamos programados para ser de determinada manera. Tampoco nos condenan nuestros genes. Somos maravillas del cambio. Este es un buen momento para enterarte -si no te enteraste ya- que tus pensamientos afectan tu cerebro, tu cuerpo y tu vida. Y para aprender a manejarlos.
Esa podría ser, en resumen, la propuesta del norteamericano Joe Dispenza, bioquímico y quiropráctico, autor de los bestsellers Desarrolla tu cerebro, El placebo eres tú y Deja de ser tú, entre otros, donde desarrolla progresivamente la idea de que para construir otra realidad hay que construirse otra persona.
Dispenza cuenta en su serie Rewired, en Gaia, que en 1986 tuvo un accidente de tránsito que lo dejó con una lesión seria en las vértebras. Los médicos que lo atendieron le dijeron que, si quería volver a caminar, iba a tener que someterse a una operación de riesgo y con pocas garantías. Él rechazó la propuesta. En cambio, confió en sus conocimientos de quiropraxia y se armó a su medida un programa de recuperación basado en lo poco que le quedaba ileso: el cerebro.
Una vez recuperado, comenzó a profundizar en esas áreas de la ciencia que le apuntan a la sensibilidad. Se convirtió en un especialista en imagen cerebral, de pacientes con diferentes lesiones y de pacientes sin lesiones físicas pero con vidas traumáticas. Aprendió a detectar cómo reacciona el cerebro ante la información que recibe del entorno y del inconsciente, y cómo siempre tiende a preferir lo familiar si no lo exponemos a estímulos nuevos.
“El verdadero empoderamiento llega cuando nos animamos a cuestionarnos nuestra creencias, que se basan en nuestra cultura, religión, educación, familia. Luego, se trata de confrontar estas creencias con otras nuevas que tal vez se adapten mejor a nuestro yo actual”, dice Dispenza, un maestro de la manifestación, en el comienzo de Deja de ser tú.

Como es adentro es afuera
El método de Joe Dispenza propone una fórmula para cambiar nuestro patrón de pensamientos y empezar a notar el correlato que esto tiene en nuestro mundo exterior.
“La mayoría de las personas ponen su atención en tres aspectos de la vida: su ambiente, su cuerpo y el tiempo. No solo ponen su atención en esas tres cosas: piensan en esos términos. Para romper el hábito de ser la misma persona, uno tiene que sobrepasar estos tres condicionamientos, ir más allá de los sentimientos que tenemos grabados en el cuerpo, vivir en una nueva línea de tiempo”, dice en el libro.
Claro que no es fácil, reconoce el autor. Cambiar se siente como un salmón que nada contra la corriente. Y además uno tiene que lidiar con la resistencia de las personas de nuestro entorno que creen saber cómo somos.
¿Cómo se hace, entonces?
A través de la meditación, que permite sintonizar con un plano que está más allá de los condicionamientos y conectar con otro nivel de energía, que te vuelve dueño otra vez de tu entorno, tu cuerpo y tu tiempo.
“Para cuando cumplimos 35 años, el 95% de lo que somos es un set de conductas aprendidas, hábitos, reacciones emocionales, creencias, percepciones y actitudes que funcionan como un programa inconsciente. Podrás decidir voluntariamente pensar en positivo, pero si tu cuerpo viene memorizando los efectos químicos y hormonales de pensamientos negativos durante años, entonces necesariamente el cuerpo y la mente se enfrentan. Para cambiar de verdad, lo consciente tiene que integrarse a lo inconsciente. En mis talleres, enseño a las personas a regularse y a controlar las ondas de su cerebro para empezar a aplacar el pensamiento analítico, lo que abre la puerta del sistema operativo del cerebro, donde están alojados todos los programas. Y es ahí cuando empieza el cambio verdadero.”

Re-cableado
Lo primero que hace Dispenza es explicar cómo funciona el cerebro.
“Hay un principio de la neurociencia que se llama la Ley de Hebb. Básicamente, esta ley establece que las células nerviosas que se encienden juntas, se conectan. Hebb creía que si se activan repetidamente las mismas células, entonces cada vez que hagan sinapsis será más fácil para ellas hacerlo al unísono. Y así quedarán vinculadas. Por eso, cuando hablo de cableado, lo que digo es que hay grupos de neuronas que hicieron sinapsis tantas veces de la misma forma que terminan armando recorridos permanentes. Cuantas más veces respondan de esta forma, más estático será el mecanismo de respuesta. Y con el tiempo esta conducta o sentimiento se volverá automático, un hábito inconsciente.”
“Si los estímulos activan los mismos circuitos durante un período prolongado de tiempo, lo que termina pasando es que el cerebro se programa para responder a esos estímulos, y es ahí cuando uno se vuelve neuroquímicamente dependiente de las condiciones de su vida. Con el tiempo, lo único que vas a poder hacer es pensar dentro de la caja, porque tu cerebro va a responder a una serie finita de circuitos que definen tu personalidad”, dice Dispenza.
La neurociencia comprobó que podemos modificar nuestro cerebro si generamos pensamientos diferentes. Y más todavía: que podemos tener pensamientos tan reales que terminen pareciéndose al evento que queremos demostrar en el mundo exterior. En el libro, el autor cuenta el caso de un experimento que se hizo con pianistas: a un grupo se le pidió que practique tocando el piano con la mano izquierda dos horas por día durante cinco días; a otro grupo se le pidió lo mismo pero mentalmente, moviendo la mano pero sin tocar ni una tecla en esos cinco días. Las imágenes cerebrales de ambos grupos revelaron que se expandían los mismos grupos de neuronas, que los que de verdad tocaban el piano y los que lo hacían solo en su mente terminaban desarrollando los mismos circuitos cerebrales.

The bright side of life
El método de Dispenza divide a la biblioteca. Existen aquellos científicos que lo respaldan y aquellos otros que siguen modelos más convencionales. En su defensa, no es ocioso destacar que queda mucho por descubrir en el campo de la neurología y las neurociencias, y que verdades que se sostuvieron durante años como un dogma hoy están siendo sujeto de cuestión, como aquella que decía que solo usamos el 10% de nuestro cerebro.
“La noción de que usamos apenas el 10% de nuestro cerebro, o todavía menos, no es verdad. Diversas imágenes tomadas revelan que usamos todo el cerebro regularmente. Claro que algunas partes son más activas que otras en determinados momentos o en ciertas actividades. Y puede que otras partes no sean críticas en ciertas funciones vitales como respirar, hablar, entender o caminar. Y que el cerebro es notoriamente maleable, por lo cual una parte puede reemplazar las funciones de otra. Pero no existe ninguna parte del cerebro que sea inútil o completamente innecesaria”, dice el doctor Robert H. Shmerling en Harvard Health Publishing.
Algunos lectores dicen que los ejercicios de meditación que propone Dispenza no son lo suficientemente eficientes, que las consignas son más generales que aplicables a modificar uno u otro hábito en particular. Y, sin embargo, cualquiera sabe que meditar parece simple al principio, pero que se va poniendo más interesante, más complejo y más efectivo cuanto más practicamos.
“Vivir para sobrevivir implica vivir como un materialista, que cree que el mundo exterior es más importante que el interior. Cuando estás en la mira de tu sistema nervioso, y éste te está llevando puesto con su cocktail de químicos y hormonas, lo único que pensás es en tu cuerpo, las cosas o las personas de tu entorno, y en tu obsesión con el tiempo. Tu cuerpo y tu mente están desconectados. Vivís una vida predecible. En cambio, cuando te parás en el lado creativo de la vida, no sos ni un cuerpo ni hay tiempo: te olvidas de vos. Te volvés conciencia pura, te liberás de las cadenas de identidad que necesitan de la realidad para recordarte quién sos”, escribe Dispensa en Deja de ser tú.

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