El enrosque

Pensar demasiado.

“Pensar demasiado es una enfermedad”, escribió Dostoievski en Memorias del Subsuelo. Es eso que hacemos cuando nos quedamos rumiando algo que dijimos, imaginando qué habría pasado si hubiéramos dicho otra cosa. O cuando nos quedamos colgados dudando si subir o no esa foto en redes. O cuando leemos las mentes de los demás, también, porque el vicio de enroscar no se limita a lo que hacemos nosotros sino que se apropia de las intenciones ajenas, porque pasarlas por nuestro filtro nos tranquiliza. Es el infierno cerebral de repasar mil veces los detalles. El big bang de la ansiedad, que puede llegar a arruinarnos un día si cedemos al circuito de revivir todo lo que hicimos antes de salir de casa, porque no nos acordamos si cerramos o no el gas.
Un estudio publicado el año pasado por Harvard Medical School encontró una relación directa entre la excesiva actividad mental y una vida más corta. La investigación observó los cerebros de personas que vivieron entre 60 y 70 años y los comparó con los de otro grupo que vivió 100 o más. La comparación reveló que los cerebros de las personas que habían muerto más jóvenes tenían menos niveles de una proteína llamada REST (por RE-1 Silencing Transcription), cuya función es aquietar la actividad mental.
El enrosque excesivo baja la cantidad de REST, en todo sentido. No le hace bien al cuerpo. Vale aclarar que esta proteína también protege contra el Alzheimer y que su deficiencia afecta la materia del cerebro, porque en la cabeza -además del éter de las ideas- hay células.

Mushin
“Mushin es la esencia del Zen y de las artes marciales. Es el estado que se logra cuando la mente no está ocupada por ningún pensamiento o emoción y entra en contacto con el Cosmos. En el Zen o en nuestra vida de todos los días, si el impulso se expresa a través de un pensamiento, no es Zen. Este estado de la mente, de pura claridad mental, se obtiene mediante la erradicación del ego. Una mente mushin no es una mente vacía sino todo lo contrario: es una mente presente, alerta y libre”, dice el maestro Fuju lo explica muy claro en www.zenlightenment.net.
Para el zen, sabiduría no es lo mismo que pensamiento intelectual. Más bien es exactamente lo opuesto. El termino mushin (la forma abreviada de mushin no shin, que quiere decir mente sin mente) designa la intuición, una forma de saber que responde más a la glándula pineal que a la corteza cerebral.
Mu o vacío en la palabra mushin hace referencia a una mente libre de distracciones, preocupaciones y miedos, que ya no ocupan espacio en la mente. El concepto es idéntico a la expresión japonesa Mizu no Kokoro (o mente como agua): es la actitud mental que está en total armonía con el Cosmos, a tal punto que se la puede comparar con un estanque sin ondas en la superficie del agua, capaz de reflejar con total nitidez lo que la rodea, como si fuera un espejo.
Mushin no es algo que se aprehende con el intelecto. Es algo que se siente. Una mente mushin no tiene ego ni sustancia, es pura iluminación. Lograrlo lleva años de práctica: se llega al mushin cuando la mente está libre de odio, miedo, conceptos o ego.”

Dejar de rumiar
Pensamos porque tenemos miedo. La construcción intelectual muchas veces funciona como una muralla entre nosotros y la acción. Porque eso que hacemos cuando creemos que estamos buscando la solución a un problema suele tener el efecto opuesto: nos paraliza. Buscar el sentido del sentido es rendirse al dispositivo de la postergación neurótica.
Para zafar -como en todo- lo primero es registrar, identificar las señales incipientes de ese pensamiento cíclico que enloquece y no conduce a nada. En una nota titulada How to stop overthinking que publica Goodful, el psicólogo Ryan Howes da algunos consejos para salir del circuito.

Pararlo antes de que empiece.
“La rumia tiende a activarse sobre pensamientos negativos. Para contrarrestarla, conviene tener a mano una ristra de pensamientos positivos y compasivos con nosotros mismos, del tipo estoy haciendo lo mejor que puedo o tengo el apoyo que necesito. La manera más efectiva de borrar de la mente la marca del enrosque es planear deliberadamente otro pensamiento en su lugar. Este es un consejo fácil de entender, pero complicado de aplicar.

Distraerse.
Redireccionar la atención a otra cosa que requiera concentración. Alcanza con dos o tres minutos de otra cosa cortar la compulsión: puede ser un rompecabezas, un juego, un memo test o cualquier ocupación que involucre la memoria. Si recurrimos a distraernos cada vez que nos gana un pensamiento, terminaremos logrando bajar la frecuencia de esta intrusión y la intensidad con que se dispara.

Escribir un diario.
La idea es sacarse los pensamientos de la mente. De entrada este consejo podría parecer contradictorio (porque es darle todavía más entidad a las ideas), pero es efectivo. Sobre todo para aquellas personas a los que la obsesión los invade por la noche, antes de irse a dormir. Poner los pensamientos por escrito en un cuaderno sirve de ayuda-memoria y a la vez libera la cabeza.

No forzarse.
No es fácil cambiar la mente. Y no conviene insistir en hacerlo solos si no podemos manejarlo. Existen diversas técnicas para aquietar la mente: la meditación es la más obvia. Pero, si lo intentamos todo y aún así no lo logramos, y la angustia apremia, podría ser oportuno consultar con un profesional”, concluye la nota.

Pensar no es algo malo en sí mismo. Sopesar los pros y los contras a veces es un abordaje inteligente. Pero la verdad es que nunca tenemos toda la información que necesitamos para tomar la decisión mejor. Nos guste o no, siempre entra en juego un elemento que nos es opaco. A la larga o a la corta, vamos a tener que arriesgar.
Como dice la psicoanalista francesa Anne Dufourmantelle: “La vida es un riesgo inconsiderado que nosotros, los vivos, corremos. […] Es como un combate en el que desconocemos al oponente, un deseo del que no tenemos conocimiento, un amor del que ignoramos la cara, un acontecimiento puro.”

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