Purificarnos

Como Jack Pearson, el héroe.

“Supongo que soy lo suficientemente afortunado como para formar parte de proyectos que ponen sobre la mesa la clase de emociones que todos estamos necesitando sentir en este momento”, declaró Milo Ventimiglia a The New York Times. Hablaba del rol de Jack Pearson que interpretó para la serie This is Us, de Dan Fogelman, que tuvo cuatro temporadas y cosechó fanáticos en temas de vínculos.
Para los que no la vieron, Jack Pearson es el hombre de familia de los sueños. Enamorado esposo y padre reflexivo y maravilloso, además es sexy. Sus lados oscuros (Vietnam, el alcoholismo) son funcionales a su humanidad, una pincelada más del héroe que, como todo héroe, se purifica en las llamas.
¿Por qué amamos tanto a Jack? ¿Por qué un personaje de ficción tiene el poder de dejarnos pensando lo que tenemos en nuestras vidas? ¿En nuestras vidas reales?
“No es solamente entretenimiento. Las personas ven la serie como algo real, y les afecta, y afecta sus decisiones. Por supuesto que en la vida fuera de la pantalla también hay hombres que fueron a la guerra, luchan con adicciones y, aún así, aman incondicionalmente a sus familias. Lo que me parece que pasa con este personaje es que canaliza un deseo de la gente: ¿dónde están esos hombres? Porque haber, hay”, agrega Ventimiglia.

Mujeres que corren con héroes
En la misma entrevista de The New York Times, le preguntaron a Ventimiglia si él sentía, como hombre, la presión de ser tan cool como Jack Pearson: “Sí, claro, siento esa responsabilidad, pero también pienso que el personaje está montado sobre hombres que yo admiro. No soy una persona carente de defectos, pero lo que intento en este rol es representar a todos los buenos pibes que hay en la vida real. Muchas personas se me acercan a decirme Quiero encontrar un Jack Pearson o Mi marido es el verdadero Jack Pearson. Y yo creo que levantar la vara está muy bien, porque lo que queremos es hombres mejores, parejas mejores, y eso es algo que todos necesitamos en este momento.”
De lo que dice se deduce que un buen pibe es ese que se hace cargo. Y esto vale para las mujeres también. Hacerse cargo es, simplificándolo muchísimo, no responsabilizar al otro de nuestras propias imposibilidades, trocar el resentimiento por la creación, elegir, no padecer. Es eso lo que enamora.
TheG entrevistó a la psicoanalista Cecilia Carlevaro, Coordinadora del Centro Asistencial de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino*.

Atravesar dificultades en la vida, como lo hizo el personaje de Jack Pearson, ¿eleva el nivel de conciencia? ¿Necesariamente te mejora, o puede pasar lo contrario?
Las dificultades que debemos atravesar en la vida nos elevan la sensibilidad y nos brindan profundidad si logramos hacer una experiencia de ese sufrimiento. Por sí mismos, los problemas no redundan en una mayor hondura personal. Si no logramos asociar el dolor existencial a una potencia de pensamiento que nos permita despegar de ese dolor y portar una causa más elevada para nuestra vida, corremos el riesgo de repetir sin elaborar y transmitirlo por generaciones.

¿Los hombres de los que nos enamoramos en la ficción, existen en la vida real? ¿Me enamoro de alguien por sus atributos?
Un hombre real pierde siempre el status de héroe. No existe un súper-hombre que resista a una relación que se extiende en el tiempo y/o en la convivencia. Pero ahí, cuando se pierde al héroe, cuando cae, podemos pensar que el amor puede asomar. De todas formas, creo que es pertinente aclarar que, en el terreno del amor, todo lo que podemos hacer es acercar aproximaciones. Por algo los griegos decían que Eros es el más travieso de los dioses. En otros términos, parafraseando al poeta Angelus Silesius, el amor es “sin por qué”.

¿Las mujeres somos más románticas que los hombres?
No sería preciso decir que las mujeres somos más románticas que los hombres, pero puede ser que tengamos más que ellos la idea del amor dando vuelta en nuestras cabezas. Los varones piensan y sienten el amor de manera diferente. Esta diferencia estructural plantea un desafío a la posibilidad del encuentro entre un hombre y una mujer (“si eso alguna vez sucede”, como dice Lacan).

¿Qué busca una mujer en un hombre? ¿Alto nivel de sensibilidad, o alguien que le provoque sostenidamente el deseo?
Las mujeres buscamos en un hombre ser amadas. Pero la encarnación del amor en la tierra es una misión imposible para cualquier varón. Así lo dice Giorgio Agamben, que sostiene que la mejor enseñanza que le dejaron las mujeres en su vida es que le mostraron su “inadecuación con respecto al amor”. El psicoanálisis inaugura una modalidad de amor nunca experimentada antes de Freud: el amor de transferencia, que permite mantener vivo el deseo del paciente. Tal vez ese sea el desafío de todo amor: mantener vivo el deseo.

¿Hasta dónde tenemos incrustado las mujeres el cuento del príncipe?
No creo que las mujeres solamente sostengamos el cuento del príncipe en nuestro interior. Pero, en algún sentido, sí sostenemos las historias de amor posibles, imaginadas, deseadas. Igual, para que ese amor pueda ser, tanto mujeres como varones nos vemos lanzados a aceptar una relación con sus límites: no podemos pedirle todo al otro.

Ficción y realidad
Catarsis es una palabra derivada del griego katharsis que quiere decir purga, purificación. Aristóteles la usó para hacer referencia a lo que experimentaban los espectadores en las representaciones de las famosas tragedias griegas. Según el filósofo, acompañar con nuestras propias emociones lo que sienten los actores es un modo efectivo de liberarnos de ellas. Algo así como: siento miedo, o amor, mientras estoy mirando algo, pero no lo sufro en carne propia.
Joan Cantor, Profesora de Psicología de la Universidad de Wisconsin sostiene en sus investigaciones que este dispositivo funciona mejor cuanto más fantasiosos somos. Son los soñadores los que establecen vínculos más estrechos con los personajes de ficción y, por ende, se identifican más profundamente con sus emociones.
Lo que es innegable es que una película, una serie y hasta un libro provocan emociones. Y eso que elegimos para purgarnos habla un poco de nosotros.
“Está todo bien con dejarse afectar por lo que le pasa a nuestro personaje de ficción preferido, pero deberíamos asegurarnos que tenemos el mismo nivel de empatía con personas reales, incluso con aquellas que no conocemos”, dice Jennifer Barnes, Profesora de Psicología de la Universidad de Oklahoma en una nota titulada Why It’s Healthy to Cry Over TV Shows que publicó la revista Time. “Puede parecer obvio, pero no lo es. En mis investigaciones, me sorprende comprobar cómo los voluntarios a menudo se muestran más conmovidos por la muerte del personaje de su serie favorita que por la muerte de un compañero de trabajo o de la universidad.”
Porque la relación que establecemos con un personaje de ficción es una relación unilateral, no nos olvidemos: nosotros sabemos todo de él pero él no sabe nada de nosotros. “Lo interesante es que nuestra mente no está formateada para distinguir entre una relación real o ficcional: por más que la veamos en una pantalla nos parece posible. Es por eso que estas relaciones pueden traer cantidad de beneficios a nuestra vida de todos los días”, dice Jennifer Barnes.

(*) La Fundación Centro Psicoanalítico Argentino ofrece entrevistas gratuitas de atención vía telefónica o por videollamada en los teléfonos 48224690/ 48234941, de lunes a sábados de 9 a 19.

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