Señales

De otro plano.

“Cuando aprendemos a reconocer y a confiar en que el universo se comunica con nosotros de múltiples maneras, experimentamos lo que yo llamo The Great Shift (el gran cambio). Es un cambio de perspectiva que potencia nuestra conexión, nuestra vitalidad y nuestra pasión. Nos ayuda a entender el verdadero sentido de la existencia. Y además transforma el viaje en algo mucho más bello y significativo”, dice Laura Lynne Jackson en su libro Signos: el lenguaje secreto del universo.
Laura es médium de profesión. Un médium es una persona que tiene la capacidad de conectarse con el otro plano y leer sus señales. Lo que seguramente requiere de una intuición agudísima, pero sobre todo de fe. Un médium es un clarividente, alguien que tiene más desarrollada la habilidad de escuchar, ver o presentir cosas, todas capacidades más propias del cuerpo que de la mente tal como solemos usarla.
The One Million Dollar Paranormal Challenge fue un concurso que estuvo vigente en Estados Unidos desde 1964 a 2015: ofrecía 1 millón de dólares a quien pudiera demostrar científicamente una habilidad paranormal. No hubo una sola persona que pudiera hacerlo, y sin embargo algunas cosas se comprobaron, como que los practicantes de la percepción extrasensorial usan más su cerebro intuitivo que su cerebro lógico.
¿A qué nivel creer en algo más allá de lo evidente tiene su explicación en la propia mente y en su manera de procesar información? Un estudio realizado en 2015 por Stephen Gray y David Gallo, investigadores de la Universidad de Chicago, buscó probar si la actividad paranormal requiere reconocer que la mente humana es limitada. “Los resultados indican que quienes creen en lo paranormal no tienen problemas de memoria, como tradicionalmente se creía, pero se diferencian de los escépticos por su capacidad analítica (los escépticos obtuvieron mejores resultados). El estudio también comprueba que creer en lo paranormal tiene directa relación con la satisfacción con la vida: creer podría tener beneficios psicológicos para algunas personas”, dice en sus conclusiones.

Todos tenemos poderes
“Marie estaba sentada en la sala de espera del hospital. Le estaba costando respirar. Trataba de no mirar el reloj de la pared, pero no podía evitarlo. Cinco minutos. Después, otros cinco minutos. Un rato antes, su esposo Pete había sido ingresado para una cirugía de corazón. Los médicos se habían mostrado muy optimistas, pero Marie sabía que no existían las garantías. Tenía miedo. Se sentía sola. Se acordó de Kerry, su hijo muerto hacía muchos años. Le gustaba hablar con él en su cabeza. Kerry, si estás por ahí por favor mandáme una señal, pensó Marie. Una señal que me confirme que tu padre va a estar bien. Por favor, Kerry, tengo mucho miedo. Me ayudaría mucho saber que me estás acompañando y que estás cuidando a tu padre. Treinta minutos después, una enfermera entró en la sala de espera. Se acercó a Marie y le preguntó si podía alcanzarle algo para tomar. Bueno, sí, me encantaría un café, dijo Marie. Pero insisto en pagar, y le dio un billete de cinco dólares. A los pocos minutos, la enfermera volvió con el café y el vuelto de los cinco dólares. Entonces le tocó suavemente el hombro y le dijo: Yo sé que la espera es terrible, pero aguantá. Dios tiene un plan. Nunca estamos solos. Marie bajó la vista, conmovida por las palabras de la enfermera. Y allí mismo, en la esquina superior izquierda de uno de los billetes del vuelto, había un nombre escrito en mayúsculas: KERRY.”
Esta anécdota está incluida en el libro Signos: el lenguaje secreto del universo, de Laura Lynne Jackson, que citamos más arriba. Para su autora, todos tenemos habilidades psíquicas, pero es nuestra formación la responsable de atrofiarlas. “Tengo la teoría de que muchos niños tienen poderes, pero por alguna razón eso se pierde. Cuando somos chicos, usamos todas las partes de nuestro cerebro. Llegamos al mundo totalmente cableados, no sólo con el más allá, la fuente universal del amor, sino también entre nosotros. Creo que, cuando tenemos entre 1 y 5 años, nadamos en esa energía. Es por eso que tantos niños juegan naturalmente con el más allá o dicen sin pudor que están viendo a alguien que nadie más ve. Es que para ellos es normal”, dice Lynne Jackson en una entrevista de Goop.

Sincronicidad
Cruzar: así llaman en el lenguaje de las señales a la muerte. Es que es un paso al Otro Plano, el lugar donde van las personas que dejan esta dimensión y donde eventualmente terminan todos los que creen en el Universo como una energía que nos conecta a todos, a los vivos y a los muertos.
El médico y psiquiatra Carl Jung llamó sincronicidad a “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera no causal”. Para él, lo que llamamos casualidad en realidad es una íntima y misteriosa conexión entre cosas, sucesos y/o personas, una fuerza cohesiva poderosa que vincula al inconsciente con la materia, el pasado con el presente, el unus mundus. “Nuestra actitud racional occidental no es ni la única posible ni universal, sino en cierto modo una actitud unilateral y cargada de prejuicios que posiblemente habría que corregir”, dijo Jung.
Las señales son el lenguaje del Otro Plano, sincronías que nos marcan el camino o responden a nuestras inquietudes. Para los que se abren a creer en esto, el universo está permanentemente mandando señales.
“El universo nos obliga, a aquellos que vivimos en él, a desentrañarlo. Aquellos que creen que no es más que una mezcla confusa de eventos sin predictibilidad alguna, o regularidad, me temo que están en peligro. El universo le pertenece a aquellos que se atreven a descifrarlo”, dijo el astrónomo norteamericano Carl Sagan.

Ver la luz
En rigor, no se necesita de un médium para conectarse con el más allá. Cualquiera podría hacerlo si trabaja la sintonía con la energía del otro plano. “Entablar una relación con nuestros guías espirituales puede ayudarnos a afinar nuestras habilidades intuitivas: a conectarnos con ellos regularmente, comunicarnos y pedirles señales. Creo que lo más importante es declararles que estamos dispuestos a escucharlos, y que estamos abiertos a recibir mensajes del otro plano. Decirlo expresamente es muy importante para establecer la conexión”, aclara la médium en Goop.
“Si no somos específicos, los espíritus se van a comunicar a través de las señales más comunes, que son:
Monedas, porque los objetos metálicos son los más fáciles de manipular. A mi padre, que cruzó en octubre pasado, le encanta comunicarse conmigo a través de monedas. Se me aparecen en los momentos más increíbles, en general cuando la estoy pasando mal. Una vez estaba en Japón, en una presentación televisiva que era tremendamente difícil para mí por la barrera idiomática. Al final salió bastante bien, y cuando estaba en el taxi camino al hotel, encontré una moneda de mi país en el piso del taxi japonés.
Pájaros, mariposas, abejas y hasta murciélagos (aunque no suelen mandar murciélagos, porque en general asustan): estos animales se mueven en campos electromagnéticos y son fáciles de redireccionar.
Señales eléctricas: luces, aparatos, llamadas telefónicas en los que nadie contesta, mensajes de texto que vienen vacíos, etc.
Canciones que pasan por la radio, o en un negocio donde entramos a comprar algo, por ejemplo. Los mensajes pueden llegar a través de canciones que tienen especial sentido para nosotros, o por su letra o por los recuerdos que traen. Además, como la música tiene el poder de cambiar la energía, es un bonus.
Patentes de autos: encontrarnos iniciales o secuencias de números que tienen un significado especial para nosotros. ¡Atención!
Números en general, como en recibos, o tickets, etc. El 11 o el 444 son cifras que simbolizan besos y abrazos que llegan del más allá.”

Lynne Jackson propone una serie de ejercicios para calibrar nuestra intuición, o para despertarla si la tenemos dormida.
Un dado: se le pide a la persona que piense un número del 1 al 6, y que lo haga rodar doce veces. Si el número que uno pensó sale más de tres veces, ya tenemos un resultado bastante significativo. “Es una prueba contundente de que proyectamos lo que pensamos.”
Un objeto: todo es energía, también las cosas materiales. Se trata de buscar un objeto que le perteneció a alguien que amamos y ya no está en este plano, y leerlo para recibir mensajes.

“Cada uno de nosotros tiene un Equipo de Luz”, explica Lynne Jackson, “un grupo de ayudantes invisibles que trabajan juntos para guiarnos por la vía más elevada. Este equipo está formado por nuestros seres queridos que ya cruzaron al otro plano: son nuestros guías espirituales (o ángeles de la guarda), un universo angélico, divino, fundado en la fuerza más poderosa que existe: el amor”.

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