Comida feliz

Somos lo que comemos.

Rachel Kelly es una periodista inglesa, y una abanderada de la salud. En distintos momentos de su vida tuvo que lidiar con la depresión. Tomaba medicación, altas dosis. Como la ansiedad la llevaba a comer descontroladamente, engordaba. Pasó años entre los antidepresivos y la lucha por mantener su peso, hasta que empezó a darse cuenta de que había algo en la nutrición que le interesaba. “Cuando empecé a cambiar mi relación con la comida, me cayó la ficha de que me sentía diferente. A medida que me relacionaba más conscientemente con la cocina, mis amigos me comentaban que me veían bien y que parecía más feliz. Entonces me pareció que era el momento de terminar con tanta medicina y darle una chance a la comida. Quise saber más. ¿Qué otras cosas podía comer? ¿Existen alimentos recomendados para ciertos síntomas? ¿Qué había de nuevo en el campo de las ciencias en relación con los alimentos?”
Rachel empezó un camino de búsqueda, citas con distintos profesionales: cocineros, psicólogos, académicos, etc, hasta que conoció a la terapeuta nutricional Alice Mackintosh. Juntas escribieron The Happy Kitchen, un libro lleno de recetas pensadas para levantar el espíritu.
“Este libro tiene nociones básicas de biología que me habría gustado que me enseñaran en el colegio. Por ejemplo, cómo los niveles de azúcar en sangre afectan nuestras glándulas suprarrenales, lo que puede disparar la ansiedad. También trata de cómo determinados alimentos afectan el cerebro y la digestión, y de qué manera esto puede alterarnos el humor”, dice Rachel Kelly en la introducción.

Houston, tenemos un problema
Un estudio publicado en 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America dice que “los probióticos son organismos vivos que habitan en las entrañas del cuerpo y contribuyen a la salud de ese cuerpo. Existe evidencia clínica que sugiere que los probióticos pueden ayudar a regular el reflejo del estrés, mejorar el humor y aplacar la ansiedad en pacientes que sufren de fatiga crónica y síndrome del intestino irritable.”
“Los probióticos son el nuevo Prozac”, dice Shann Jones, autora de un libro titulado The Good Skin Solution y dueña de una marca de productos para la piel que se llama Chuckling Goat. En su granja de Gales, Jones fabrica un kéfir casero que se aplica directo sobre la piel de personas con eczema, psoriasis, acné y rosácea y que se ganó muchos premios por sus buenos resultados.
El doctor Facundo Pereyra es médico clínico y gastroenterólogo. Hace algunos años diseñó junto a su equipo un programa de salud llamado MDB15 (Medicina Digestiva para el Bienestar en 15 días) que consta de un score-diagnóstico y de un protocolo de manejo con dieta de eliminación, administración de probióticos y técnicas de gestión del estrés. El programa se completa con un seguimiento. Los beneficios que se logran al cabo de los quince días del programa trascienden el aparato digestivo: se registra mejoría en el ánimo, piel, metabolismo y peso, en hormonas, músculos y articulaciones. El MDB15 se encuentra gratis online y ofrece asesoramiento y coaching. TheGelatina le hizo algunas preguntas:

¿Somos lo que comemos?
“Sí, totalmente. Estudios recientes de la Universidad de Oxford indican que lo que comemos puede modificar nuestros genes y los genes de las trillones de microbios que habitan en nuestro intestino y que repercuten en forma directa sobre nuestro sistema inmunológico, en el metabolismo, en la producción de hormonas y en el funcionamiento de nuestro cerebro.”

¿De qué manera los alimentos que ingerimos pueden influir en nuestros estados de ánimo?
“Existe una nueva teoría que vincula a la depresión con las citocinas, que son proteínas que regulan la función de las células. Las citocinas son el resultado de un sistema inmunológico sobre-estimulado que produce una inflamación crónica de bajo grado que se postula como el origen de varios trastornos, como las enfermedades auto inmunes metabólicas y endocrinológicas, por ejemplo. Ciertos hábitos alimenticios asociados a la inflamación de bajo grado pueden promover estados de ansiedad o depresión.”

¿Por ejemplo?
“La ingesta excesiva de alimentos inflamatorios (trigo, leche, azúcar y ultraprocesados, con su conservantes y emulsionantes) y la ingesta reducida de fibras (frutas, verduras, semillas, frutos secos, legumbres) redundan en una flora de mala calidad y un intestino más permeable a las toxinas, ambos artífices de la inflamación crónica de bajo grado.”

¿También la manera en la que cocinamos puede incidir?
“Sí, ciertas técnicas de cocción pueden promover la inflamación de bajo grado. Las frituras con aceites vegetales hidrogenados, por ejemplo, deberíamos evitarlas.”
 
¿Te animás a proponer una dieta antiinflamatoria?
“Me animo a dar algunos consejos:

  • Consumir abundantes frutas y verduras de distintos colores. En proporción, deberían ocupar el 70% de nuestro plato en cada comida. También recomiendo incorporar legumbres y especias antinflamatorias como cúrcuma, orégano y romero.
  • Consumir a diario semillas y frutos secos. 
  • Incorporar a la dieta grasas saludables: paltas, pescados, oliva, coco.
  • Evitar los alimentos procesados (los que son manipulados por el hombre y se venden en paquete), en especial las harinas refinadas y el azúcar.
  • Consumir carnes rojas con moderación.
  • Moderar el consumo de lácteos. Tomar un yogur por día.
  • Incorporar a la dieta probióticos naturales como yogur, chukrut, kéfir, pickles y vinagre de manzana.
  • Moderar la ingesta de café y de mate. Incorporar el té verde.
  • Beber abundante líquidos. Evitar el consumo de alcohol, salvo una copa de vino por día.”

Shiny happy people
“Con la ayuda de Alice, abandoné las comidas congeladas. Juntas empezamos a diseñar algunas recetas para mis síntomas y ella me dio también algunas herramientas prácticas. Empecé a llevar un diario de comidas, lo que me ayudó a tomar más conciencia todavía del efecto que la comida tenía en mí. Hasta me armé un plan semanal de dieta, ejercicios y trabajo”, cuenta Rachel en The Happy Kitchen.
“Con el tiempo, empecé a ganar confianza también como cocinera. Empecé con las recetas de Alicia, que por suerte habían sido pensadas más para un principiante que para un chef. Experimenté con los ingredientes que ella me sugería, y aprendí a usar tahine, por ejemplo, lemongrass y coriandro. No tenía ninguna presión, sólo quería sentirme cómoda en mi cocina.”
“Y así fue como me di cuenta de que una cocina feliz tiene el mismo poder de calmarme que la comida que preparo. La cocina volvía a encender mis sentidos dormidos, y me conectaba con la naturaleza del mismo modo que lo hacía la jardinería, que para mí siempre fue terapéutica. El chisporroteo de los morrones en la sartén, el perfume del jengibre y el ajo, el espectáculo de los rojos y los amarillos… Todo esto, empezaba a darme cuenta, me hacía sonreír el alma.”

ALIMENTOS PRO-INTESTINO

  • Kéfir
  • Palta
  • Arándanos
  • Te de manzanilla
  • Huevo
  • Semillas de lino
  • Té verde
  • Kale
  • Hongos
  • Yogur de coco
  • Yogur casero u orgánico
  • Nueces pecan
  • Semillas de calabaza
  • Quinoa
  • Avena
  • Polvo de cacao puro
  • Salmón
  • Espinaca
  • Batatas
  • Cúrcuma
  • Atún

RECETA

BEBIDA FRÍA DE TÉ VERDE Y FLORES DE SAÚCO

Qué lleva (para hacer 1 litro)

  • 2 saquitos de té verde.
  • 6 cm de jengibre cortado en rodajitas.
  • 1 litro de agua hirviendo (dejar reposar 60 segundos antes de agregarle el té).
  • 1/2 pepino en rodajas finitas.
  • 1 lima en rodajas.
  • 1 cucharada de cordial de saúco.
  • Cubitos de hielo.

Cómo se hace

  1. Remojar los saquitos y el jengibre en el agua caliente durante 5 minutos en una tetera grande.
  2. Quitar los saquitos y el jengibre y dejar enfriar durante 1 hora antes de llevar a la heladera.
  3. Antes de tomar, agregarle el pepino, lima, el cordial de saúco y el hielo.

Para consultas por el Programa de Medicina Digestiva y Bienestar: @mdb15_oficial.
Para seguir a la autora de The Happy Kitchen: @rachelfkelly.

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  • Hace casi tres años, me pidieron que me haga una colonoscopia por problemas intestinales a causa de mi inflamación, más ir al baño con sangre, más haber engordado casi 9 kilos en seis meses. Todo eso, me llevaba a estudios súper invasivos. Una amiga me dijo; proba con Vero unos meses y después seguís. Entonces apareció la Nutricionista en mi vida. Potenció gym y equilibró comidas. Descubriendo otra persona que tenía adentro, YO era otra. Es fundamental reconocer la relación entre emocionalidad, psicología y nosotros mismos. Cuesta muchoooooo, sobre todo porque los de afuera a veces te miran raro, cuesta porque obvio las harinas son adictivas, pero hay que hacer el intento. Linda nota, la de hoy. Panza llena, corazón contento! Pero que sea sanito o por lo menos, busquemos el equilibrio.