Dinero saludable

Cómo gastar menos (porque queremos o porque no hay otra).

¿Qué es la “dieta del dinero”? Es la misma idea de cuando queremos perder peso: se trata de recortar los consumos innecesarios. No es un concepto nuevo, para nada. La expresión money diet se registró por primera vez en un libro norteamericano de la década de los 80, una época muy Scarsdale por cierto. El libro se llamaba The Park Avenue Money Diet: How to Escape From the Middle Class Forever! y mostraba la forma de llegar a un Rolls Royce mediante la administración controlada de los recursos.

Flashforward a Argentina 2020. Como la realidad no tiene nada que ver con la del libro, esta nota no promete dorada fortuna sino una manera de manejar el ahorro, impuesto o voluntario. Una conducta, que igual tiene su recompensa al final del camino.

“Existen formas inteligentes de manejar el dinero que son tendencia en el mundo y que pasan por pensar en el consumo responsable, en ir más allá del metro cuadrado de cada uno, en devolverle al mundo lo que el mundo nos da, a través del cuidado de los recursos naturales, por ejemplo. Pero el contexto argentino no permite pensar en estos términos. De todas formas, varios expertos aconsejan que una relación saludable con el dinero empieza en evitar la desmesura de los gastos hormiga. Empezar por los gastos hormiga nos puede ayudar a revertir situaciones de poder adquisitivo de fondo, que de otra manera tal vez no podríamos”, dice José del Río, Secretario General de Redacción de La Nación.

Querer es poder
“Me gusta comprar. Me gustan las cosas nuevas, las piezas únicas, peculiares. Vivo para encontrar esa blusa perfecta, o algo para decorar mi casa. Ya ves, soy una gastadora. Me gusta la caza. Amo la sensación de encontrar ese objeto que hacía tanto buscaba. La adrenalina se apodera de mí, y llevo la mano a la billetera con mucha, mucha alegría”, dice Anna Newell Jones en su libro The Spender’s Guide to Debt-Free Living.

Anna Newell Jones es la creadora del andthenwesaved.com, un método que enseña a las mujeres a ser financieramente autónomas. Ofrece cursos online y, en la home de su página, tiene una cifra que se actualiza todo el tiempo con el monto total de deuda que su plan le ayudó a reducir a sus seguidores.

El método es el resultado de su propia experiencia. En un momento de su vida, Anna vivía con una deuda de U$ 23,605.10. Convivía con ella, no le molestaba, se figuraba que iba a vivir así toda la vida. Quería, sí, controlar sus gastos, pero todos sus intentos fallaban. “Cuando escribí la primer entrada de mi blog estaba rumiando una idea bastante descabellada: pasarme un año entero gastando plata solamente en lo que necesitaba. Quería ver qué pasaba. Quería ver si podía encarar ese desafío. Digo descabellada porque me conozco, porque sé de sobra cuánto me gusta gastar plata”, dice Anna en la Introducción de su libro.

Pero funcionó. Anna se liberó de la deuda y creó su propia marca.

¿La restricción gatilla el consumo?
La estrategia de Jones es simple. Se basa en dividir los gastos en dos columnas: la columna del quiero y la columna del necesito.

“El objetivo es gastar la plata solo en la columna necesito y lo menos posible en la columna quiero”, explica Anna Newell Jones en una entrevista que le hizo Charlotte Cowles para The Cut. “Qué cosa va en cada columna depende exclusivamente de cada uno. Por ejemplo, la peluquería para mí estuvo estuvo durante un tiempo en la columna del necesito, porque era una prioridad para mí por entonces.”

“Las money diets -también conocidas como ayuno de consumo– se basan en el sentido común. Como pasa con muchas dietas alimentarias, no son más que una nueva forma de encarar la vieja costumbre de balancear lo que entra con lo que sale. Todo el mundo sabe más o menos cómo se hace, la cuestión es cómo mantener el hábito”, dice Charlotte Cowles en The Cut.

“Detesto la palabra dieta”, dice Bradley T. Klontz, psicólogo de finanzas. “Si hasta pronunciarla me da ganas de comerme una hamburguesa. Mi consejo es no aplicar la idea de dieta al presupuesto, porque va a generar la misma idea de privación y te va a hacer desear aquellas cosas que juraste dejar. Tal vez dé buenos resultados al comienzo, pero esto solo puede durar un rato. Si es una dieta de privación -tanto de dinero como de comida- eventualmente va a tener que terminar. En el peor de los casos, te va a hacer sentir un fracaso y te va a desmotivar más todavía.”

“Pero también puede tomarse como un experimento. Creo que es una muy buena idea para aquellas personas que nunca tomaron conciencia de lo que gastan”, dice Klontz del método de Jones. “Por ejemplo, si te proponés no salir a comer afuera durante un mes y cocinar en casa, vas a aprender un montón. Lo mismo con este método: te puede ayudar a bajar la ansiedad sobre tus gastos. Te puede ayudar a pensar: bueno, al final no es tan grave tampoco.

La del almacenero
Suponiendo que podemos cubrir nuestras necesidades y las de nuestra familia, cuando nos embarcamos en alguna forma de meta financiera, lo más importante es sincerarnos con nosotros mismos y preguntarnos por qué. Por qué queremos (o necesitamos) controlar nuestros gastos. Por qué queremos (o necesitamos) ahorrar. Acá no valen los argumento superyoicos tipo “porque ya estoy grande” o “porque algún día tengo que hacerlo”. Lo que sirve es pensar bien en el objetivo que está detrás: mudarnos, remodelar la casa, cambiar el auto, ese viaje, etc, etc, etc.

Lo que sigue es anotar los gastos. No planear ni presupuestar, sino tomar nota de cada uno de los gastos que hacemos por mes, por ejemplo. Si resulta apabullante, se puede empezar con un día, seguir con un fin de semana, con una semana completa después, y así. Algunos prefieren tomar la decisión de pagar TODO con tarjeta de débito, para poder acceder después fácilmente a la lista de gastos. Aunque lo que no falla nunca es la libretita del almacenero en la cartera. Porque la mayoría de nosotros creemos que sabemos en qué gastamos, hasta que te tomás el trabajo de escribirlo. Y, oh, sorpresa.

Cuando no queda otra
No te compres un auto si no podés pagarlo. Por el amor de dios, dejá de gastar en cafés de Starbucks. A veces parece que todo termina en una serie de sentencias que ya escuchamos mil veces. Pero, desgraciadamente, el manejo del dinero es algo bastante más complicado que no se guía por las reglas del sentido común. Hay volatilidad en las finanzas personales. Y hay volatilidad en el contexto.

“Lamentablemente, por el contexto argentino, uno termina recomendando algo que no ocurre para nada en otros países: vivir sin deuda. En países que sin inflación y con tasas bajas, endeudarse es una manera de crecer, de progresar económicamente. No es el caso de Argentina. Pero supongamos que una situación equis te obliga a tomar deuda. Bueno, en ese caso hay dos recomendaciones que son casi reglas de supervivencia en nuestro país. La primera es no endeudarse con tarjeta de crédito, porque las tasas de las tarjetas de crédito son realmente prohibitivas. La segunda regla de oro es comparar, analizar qué tasa te ofrece cada banco. Igual las tasas de referencia argentinas siguen haciendo preferible no endeudarse”, dice José del Río, Secretario General de Redacción de La Nación.

La salud financiera no es seguir un instructivo y listo. Aunque en tiempos como estos es imperioso quedarnos en la columna necesito, es relevante tomar en cuenta las condiciones de cada uno, y del país donde estamos. De lo contrario, la dieta falla. Hay que humanizar el asunto. Notas como esta pretenden acompañar en el proceso de controlar los gastos que tal vez no son de primera necesidad.

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