Editorial Nº31 – “Viejo querido”

Mi columna dominical pretende ser realidad (o no) y ficción (o no) semana tras semana. Una mezcla de temperaturas. Es la forma que encuentro para mostrarles que lo importante es lo que pasa entre foto y foto.

Buscaré aquí un guiño que vaya bocetando el propio sistema de creencias de una persona normal, que intenta un balance para que la vida tenga sentido todo el tiempo. Salud!

CALOR

QUERIDO VIEJO,

Gracias por los tiros al aro.
Por enseñarme a andar en bicicleta cuando pensé que ya eso no era para mi. Me sacaste el miedo. Lo que chivaste con nosotros esas mañanas y esa tardes en Pilar.
Gracias por los asados de domingo dedicados a jugadores de básket que ya son un clásico. Nos volviste a reunir a la mesa.

Gracias por comprarme la Play y ayudarme a armar equipos en el Fifa. Los armás mejor que nadie. Si sabrás! Gracias por los arcos de fulbo en casa. Por tus partidos con mis hermanos que no son mis hermanos, pero son mis hermanos. Siempre estás para jugar cuando sale un picadito.

Querido viejo, gracias por la paciencia extra cuándo a mamá ya se le acaba.
Por escucharme con esa pausa.
Por hacerme entender de hombre a hombre. Por contarme lo que a vos te gustaría que yo entendiera, por mi bien. Gracias por tu falda esa noche, querido Juan.

Gracias por enseñarme a afeitarme.
Por estar conmigo cuando me tenía que armar la corbata de comunión.
Por ese cruce del puente de San Francisco en bicicleta hasta Sausalito.
Gracias porque me dejás tomar más Coca Cola que mamá.
Por todos los ejercicios de matemática y los Pi al cuadrado que metimos en cuarentena. Siempre aunque te quedara un minuto antes de irte a trabajar, podías explicarme.
Gracias por las montañas rusas en Los Ángeles. Es que no se me borran más esos viajes en Banda.
Gracias por tu respeto siempre, por hacerme sentir parte y considerado en mis opiniones.
Gracias por ocuparte personalmente de los auriculares favoritos que quise. Por amar así a mamá. Me das ánimo y ejemplo todo el tiempo.
Gracias por la cancha, y las transmisiones. Por llevarme a tu trabajo. Y despertarme cuando me quedo dormido en el auto. Gracias por estar siempre conmigo.

Querido viejo ahora soy yo, gracias por buscarme en los 15 de madrugada. Por hacerle entender a mamá todo eso de los Pre con mis amigas. Cómo la aflojaste.

Gracias por hablar conmigo así, necesito tus palabras y ese tono de voz tranquilo, haciéndome acordar que los chicos también merecemos el cuidado con respeto. Gracias por hablarme y hablarme y no imponerme. Entendí. Entendí todo.

Gracias por sacarle el miedo a mamá de momentos clave de mi crecimiento. Viste cómo es, a veces se preocupa de más. Aprendió de vos a no alarmarse tanto, a confiar en mi, a darme un poquito más de calle. Porque vos conocías más que ella.

Viejo querido gracias por no matarme con esas cosas que me trajo la adolescencia: te bancaste, a la hora que te levantabas para laburar de madrugada, un par mías que serán buenas anécdotas. Pero que tuvimos que pasarlas y ahí estabas. Paciente como un monje. Mamá me quería matar.

Querido viejo gracias por esa clase de historia, pude explicarle yo a mis amigas todo lo que vos me enseñaste. Gracias por entender que no quería un viaje y sí mi fiesta de 15: la soñé y la cumplimos también gracias a vos. Bailaste sin parar. Un grande. Me trajiste el carrito de golosinas en el fin de fiesta. Gracias por el futbol con mis amigos varones en casa. Te adoran y a mi eso me llena de orgullo.

Gracias por el viaje a Londres con amigas, nunca me sentí más libre, más grande, más maravillosa. Gracias por arreglarnos siempre el wifii. Gracias porque te veo laburar siempre como un toro. Entiendo por qué la gente te quiere así. Gracias por bienvenir a mi novio, y por hacerme conocer a mi hermano Valen que no es mi hermano pero es mi hermano. Nos gusta mucho ser familia con Valen. Gracias por traer a un Benja para acompañar a Pipe. Era el único varón y entiendo lo cansado que estaba de tanta mujer en casa, ja, ja. Trajiste el fulbo, el Rock, las sobremesas. Gracias por obligarme a probar el sushi de salmón, es lo único que me vas a ver comer de pescado. Y sí, tenés razón, me falta la verdura. Ya vendrá. Como llega todo lo desconocido y maravilloso que viene de tu bolsa de oportunidades. Nos das el mundo y yo lo veo, aunque no lo diga todo el tiempo.

Y ahora soy yo, gracias Juan por tus abrazos a la mañana, soy siempre la que primero se levanta, y me abrazás como a una hija. Y ahí me quedo. No me lo voy a olvidar.

Gracias viejo querido por tu música en el auto, por preguntarme siempre qué veo en la tele, por preguntarme cómo avanza mi serie Bia justo antes de tu programa en la tele. Gracias por saber de los Carameluchis desde el día uno. Gracias por dejar que Ayu nos cuide tantos años. Yo la amé a Ayu. Gracias por convencerla a mamá de que sí me compre esa muñeca grande que quería. Porque me trajiste Legos de mujer de uno de tus viajes y siempre me voy a acordar. Y lo armaste todo conmigo!

Gracias porque te veo bailar una canción después de cada uno de tus entrenamientos en cuarentena: te filmamos con mamá y no paramos de reírnos. Me das muchas risas. Hacés que mi casa esté contenta, y que yo quiera estar acá todo el tiempo.

Gracias viejo por compartirme a Benja que es como mi hermano: siempre te pregunto cuándo llega. Gracias por los tiradas a caballito en la pileta, le hacés a Benja y me hacés a mi. Gracias Juan por tu paciencia a mis caprichos, por estar conmigo así de cerca desde mi cumple de cuatro. Por inflarme todos los inflables que quería en la playa, hasta es cisne que era imposible y enorme. Gracias por los desayunos en verano en Uruguay en el balcón. Son mis favoritos. Gracias por hacer que mamá no se asuste tanto esa noche que me caí de la cama y se me hizo el chichón más grande del mundo.

Gracias por darle tanta alegría a nuestra casa. Por estar con mi mamá. Y por dejarnos tener a Roger, nuestro perro es mi amigo. Y yo soy su favorita. Gracias por la casita en el jardín y por dejarme bien claro que cada noche de tormenta que yo quiera, puedo ir a la cama de ustedes.

Querido Juan, nosotros tenemos a papá, pero te sentimos nuestro Viejo sabio y compañero alegre de la vida. Que suerte tienen Valen y Benja de que sí seas su papá.

Te lo queríamos decir.
Feliz día!

A todos los papás, los papás bonus, y a los papás que no están.
Salud!

L.-

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