El cerebro adolescente

Bla bla bla

Alrededor de los 13 años, el cerebro de un adolescente ya no registra la voz de su madre como lo hacía antes, dice un estudio de Standford School of Medicine publicado recientemente. Y esto tiene una explicación biológica: el sistema de recompensa del cerebro responde mejor al estímulo de voces nuevas que a la voz de la madre (el estudio no analiza la reacción a la voz del padre).

“Así como un niño sintoniza con la voz de su madre, un adolescente sintoniza con voces nuevas”, dice Daniel Abrahams, médico norteamericano y director del estudio. “Un adolescente no tiene registro de esto, simplemente lo hace. Tiene amigos y conoce gente, y quiere conocer más gente nueva y pasar más tiempo con ellos. Su cerebro está cada vez más sensible y predispuesto a las voces extrañas.”

Para realizar el estudio, los investigadores grabaron las voces de las madres de los adolescentes participantes, diciendo tres palabras sin sentido para evitar que los adolescentes se engancharan en el significado de las palabras o en su carga emocional. Por otro lado, se grabó a dos mujeres extrañas diciendo las mismas palabras. Cada participante escuchó varias veces las grabaciones con las voces de sus madres y de las mujeres desconocidas, e identificaron en un 97% las voces familiares.

“Los investigadores descubrieron que los adolescentes registraban intensa actividad en varias regiones del cerebro: en el sulcus temporal, el área de procesamiento auditivo; en la red de saliencia, que filtra la información importante, y en la corteza cingulada posterior, que interviene en los aspectos autobiográficos y de memoria social. Las voces desconocidas disparaban más actividad que la voz materna en el núclo accumbens, que es el mediador de los sistemas de recompensa, y en la corteza pre-frontal ventromedial, la región implicada en otorgarle valor a la información social. El switch a las voces extrañas ocurría en los cerebros de entre 13 y 14 años, y no se observó diferencia entre chicos y chicas”, dice el artículo publicado por Standford Medicine.

Está en su naturaleza

TheG entrevistó a Marcos Apud, psicólogo, BIOHACKER & Wellness Coach, y creador de la psicología de innovación. 

“Los escaneos de niños normales revelan que hay partes diferentes del cerebro que maduran a un ritmo distinto. Algunas partes del cerebro, tal como la corteza prefrontal, ubicada justo detrás de los ojos, termina de madurar alrededor de los 24 años de edad. Otras regiones, como la amígdala cerebral, que es una suerte de “almendra” ubicada en lo profundo del cerebro que se activa cuando percibimos un peligro y sentimos miedo o ansiedad, parecen madurar mucho antes. Por eso los niños pueden aprender rápidamente si algo es o no peligroso: un niño que fue mordido por un perro no va a acercarse por un buen tiempo a otro perro. 

Sin embargo, entre los 13 y 18 años ese mecanismo no funciona igual. Ciertas áreas del cerebro entran en una suerte de “remodelación” y durante un tiempo se suspenden algunas funciones que ya fueron adquiridas en la niñez: 

– Reconocer la voz materna como una voz agradable. 

– Distinguir las expresiones micro faciales para decodificarel estado emocional de alguien.

– Aprender de los peligros para evitarlos más adelante. 

Es por eso que no te tiene que asombrarnos que un adolescente se tape los oídos cuando escucha a su madre. No es que la dejó de amar, simplemente no percibe su voz de la misma manera. Tampoco sientas que te está tomandoel pelo cuando confunde tu tristeza con enojo: es que le cuesta reconocer las señales de tu rostro. Y puede que, si se mete en una situación peligrosa, le cueste aprender del evento y termine haciendo lo mismo el fin de semana siguiente, como Bart Simpson cuando se electrocuta una y otra vez con su heladera. 

Tanto el hipocampo como la amígdala están en proceso de construcción. Y ambas participan en muchas formas de aprendizaje y memoria”, dice Apud.

No me pasa nada

El silencio de los adolescentes preocupa a sus padres, que a menudo buscan romper el hielo a cualquier precio. “¿Te pasa algo?” “No.” Fin del diálogo. De hecho, puede que le pase algo y no quiera contarlo porque sabe de antemano cómo vamos a reaccionar, o porque teme que se lo contemos a otra persona. Pero también puede ser que no le esté pasando nada más que las ganas de individualizarse. 

El psicoanalista y filósofo Luciano Lutereau dice que los padres en realidad no quieren la felicidad de sus hijos, a menudo lo que quieren es que no les traigan problemas. O sea, los padres sí quieren que sus hijos sean felices, pero a la manera de ellos. Si a esta ecuación le sumamos un adolescente que está en proceso de construir su propia persona y que, para hacerlo, exacerba su rebeldía, es esperable que surja el desencuentro. 

Antes de declararnos la guerra mutuamente, a lo mejor -padres e hijos- tenemos que aprender a desoírnos un poco. 


  • Qué bueno leer esto y tratar de entender al menos racionalmente a nuestros adoles! Es cerebral y va a pasar… volverán a querernos estos niños que de un día para el otro pasan a ser pequeños o enormes desconocidos anque monstruos!
    Muy buena nota, como siempre.
    Gracias!
    María, mamá de 4 entre 13 y 21!!!

Lo siento los comentarios están cerrados en esta entrada.