El síndrome del impostor

Kiran Sidhu es una calificada periodista inglesa. En la bio de su página web cuenta que además estudió Filosofía y que sus artículos se publican en prestigiosos medios como The Guardian, Daily Telegraph, The Independent, Southall Gazette, Eastern Eye, Holy Moly, Playboy y Time & Leisure. Varios de ellos se viralizaron, cuenta Kiran, lo que derivó en un debate internacional que la llevó a la BBC. Otra de sus notas, A dirty secret called grief, es bibliografía de consulta en curricula e instituciones que se ocupan de la salud mental. Está a punto de publicar su primera novela.
Y sin embargo…
“Es obvio que todos manejamos distintas versiones de nosotros mismos. Y que con algunas nos llevamos mejor que con otras. Por ejemplo, mi yo dominguero, en piyama todo el día, con ese me siento muy cómoda. ¿Mi yo escritora? Mm, no tanto. Pero eso es lo que hago, escribir, lo único en lo que podría trabajar. Entonces, ¿por qué esta persona está taaan distante de mi yo en piyama? La grieta entre mis dos versiones es enorme. Y en el espacio entre mi yo dominguero y mi yo escritorzuela hay un océano de duda. Una sensación de que no estoy capacitada para cumplir con lo que demanda ser escritora”, escribe para Breathe Magazine.
El síndrome del impostor es cuando creés que te destacás en algo solo por azar, y no porque haya nada en uno que lo explique. Vale aclarar que tampoco hace falta ser exitoso para experimentar la sensación: uno puede sentirse en otra piel haciendo algo muy habitual, de todos los días.
No soy yo. Me hago las manos y de repente miro mis uñas pintadas y no las reconozco, y me quiero sacar todo. Entro al chat de mamis y respondo algo, pero sólo para no quedar mala onda, porque lo que siento todo el tiempo es que soy incapaz de sostener esa conversación frenética. El síndrome del impostor no siempre se manifiesta en una gran crisis existencial o profesional: en el día a día puede haber muchos pequeños momentos impostores. Aún en la intimidad, con quienes más nos conocen.
Un estudio titulado The Impostor Phenomenon publicado en 2011 en International Journal of Behavioral Science sostiene que el síndrome del impostor es un aspecto de la conducta social por el que una persona tiende a ocultar sus inseguridades dentro de límites aceptados. Es como una impostura, una sobreadaptación.
En la base de este comportamiento subyace la necesidad de mostrarse en control, de cumplir con todos los aspectos que se esperan de uno. El estudio dice que existe probada relación entre el síndrome del impostor y el perfeccionismo. “Los perfeccionistas quieren hacerlo todo bien. Se ponen metas altas y casi imposibles de lograr y subordinan a ellas su auto-evaluación. Es por eso que los impostores a menudo se sienten sobrepasados, desilusionados, raros y se consideran un fracaso cuando no cumplen con todos sus objetivos”, dice el estudio.
En TheG no siempre aspiramos a ofrecer una solución. Nos gusta más conocernos. Por eso en este caso proponemos la risa, porque es la forma más efectiva de cerrar las grietas, cualquier grieta. Correrse, mirarse de afuera, dejarse sorprender por este aspecto de mí, por aquel otro, jugar, aceptar halagos, aceptar críticas. “Por sus obras los conoceréis”, dice el Evangelio según San Mateo. Todo lo demás es literatura.

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