Gurdjieff (II)

A diferencia de las vías tradicionales de superación, El Cuarto Camino propone trabajar los centros del cuerpo, la mente y las emociones al mismo tiempo. El objetivo es evolucionar hasta transformarnos en una persona capaz de responder de manera creativa a los desafíos de la vida.
“El hombre responde simplemente a las impresiones exteriores; si alguien presiona sobre uno de sus botones, de inmediato un tren de reacciones involuntarias se pone en marcha, independientemente de su propia consciencia o de su voluntad. Si alguna vez el hombre percibe que lo que está haciendo no está bien, no puede parar y encuentra buenas razones para justificar su comportamiento. Pero si el hombre comienza a trabajar sobre sí mismo, si al menos comienza a ver que se conduce así, necesita entonces hacer esfuerzos conscientes para cambiar su comportamiento y no continuar viviendo mecánicamente como el hombre ordinario que es, sólo una máquina que funciona de forma defectuosa…”, escribió Gurdjieff.
Se empieza por lo de más fácil acceso: el cuerpo. La idea es básicamente la de siempre, pero él la vio antes: se trata de tomar consciencia, acá y ahora. Gurdjieff insistía mucho en que para hacerlo no se requieren maestros externos ni hay que retirarse a la soledad de las montañas, es un trabajo que está más a mano de lo que uno cree inicialmente.
Una persona consciente de su cuerpo no está pensando en otra cosa cuando ejecuta un ritual cualquiera. Para aprender a conectar con el cuerpo, Gurdjieff proponía algunos ejercicios, como ciertas danzas y movimientos. Pero hay otras formas: sentir ahora mismo las superficies donde se sostiene mi cuerpo. O apoyar la palma de mi mano sobre mi pierna mientras hablo con alguien y volver la mente a esa mano durante la conversación para evitar perderme en el otro. O el ejercicio del stop, que en sus prácticas era una orden que daba él pero que puede hacerse individualmente a los quince minutos de cada hora.
“A una palabra o a una señal del maestro, convenida de antemano, todos los alumnos que la oyen o que la ven, en el mismo instante deben suspender sus gestos, cualesquiera que éstos sean: inmovilizarse donde estén en la misma posición en que los ha sorprendido la señal. Más aún, no solamente deben dejar de moverse sino mantener los ojos fijos sobre el mismo punto que miraban en el momento de la señal, mantener la boca abierta si estaban hablando, conservar la expresión de su fisonomía, y si sonreían, conservar esta sonrisa en la cara… En este estado de stop, de detención, cada uno debe suspender también el flujo de sus pensamientos y concentrar toda su atención en mantener la tensión de los músculos en las diferentes partes del cuerpo, en el mismo nivel en que se encontraban y controlarla todo el tiempo, llevando su atención, por así decirlo, de una parte del cuerpo a otra. Se debe permanecer en este estado y en esta posición hasta que otra señal convenida le permita volver a tomar una actitud normal, o hasta que se caiga de cansancio por haber llegado al punto de ser incapaz de conservar por más tiempo la primera actitud.”
El amo del carro es la consciencia, y el objetivo de las enseñanzas de Gurdjieff era despertarla. Claro que hay distintos niveles de conciencia, una progresión de trabajo espiritual. “El cuarto estado de conciencia es llamado el Estado de Conciencia Objetiva. En este estado un hombre o una mujer puede ver las cosas tal como son. El ser humano suele tener destellos de este estado de conciencia.” Es la iluminación, o el nirvana, pero la única vía de acceso es empezar en el desarrollo de la conciencia plena de uno mismo.
“La propuesta de Gurdjieff es deshacernos de nuestras fantasías, orientar nuestra energía a algo más grande. Se trata de despertar a nuestra experiencia interior. Encontrar nuestra relación con todas las cosas, estar presente, estar acá. Significa que el centro de gravedad está en uno mismo. Propone refrenar nuestra energía, voluntaria y conscientemente, y apuntarla en una dirección en particular. Los beneficios de este trabajo es llegar a ser uno mismo. Encontrar la vida apasionante. El propósito del trabajo de Gurdjieff no es transformarse en algo distinto, es devenir uno mismo”, dice la nota Getting in touch with Gurdjieff, publicada en The New York Times.

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