Probióticos

“Uno entra en una dietética, o en una farmacia, y se encuentra con una góndola repleta de probióticos. Los probióticos son microorganismos vivos, generalmente bacterias, beneficiosos para la salud cuando se consumen en dosis determinadas”, dice la nota What are the benefits of probiotics? que publica The New York Times.
“Conforme algunas encuestas, aproximadamente cuatro millones de norteamericanos toman probióticos, que se venden en forma de pastillas, polvos, alimentos y bebidas. Los probióticos son una industria enorme que vale 40 mil millones de dólares, informa Zion Market Research. Sus defensores sostienen que mejoran la composición de la microbiota intestinal, la cual incide en varios aspectos de la salud, incluidas la inmunidad, el metabolismo y hasta el humor”, dice el artículo.
Se llama microbiota al colectivo de bacterias que asiste en el proceso digestivo, regula el metabolismo y contiene alrededor del 80% de las células del sistema inmunológico del cuerpo. Un sistema digestivo sano libera la correcta cantidad y calidad de microorganismos, lo que mantiene al cuerpo saludable. Cuando se produce un desequilibrio en este mecanismo, se da lugar a lo que se llama disbiosis, un proceso que puede derivar en enfermedades varias. La microbiota se desarrolla y altera durante toda la vida. Si bien los primeros microbios que recibe un feto están en el líquido amniótico, es en el momento del parto cuando el bebé toma contacto con las primeras bacterias de su madre. Después del parto viene la primera alimentación del bebé, que también será determinante en la composición bacteriana según sea leche materna o de fórmula. Y sigue definiéndose con los años según lo que comamos, pero también según el ejercicio que hacemos, el estrés, el medioambiente, las toxinas, y numerosos otros factores.

Suplementación
En una nota que publicamos en TheG, la Dra Mariana Cannellotto, directora de Biohelper, aconseja usar probióticos siempre bajo supervisión de un médico, ya que existen muchas cepas y diferentes concentraciones y dosis recomendables según cada caso de salud. Una alimentación específica también suplementa: los alimentos con más contenido de probióticos son el kéfir, el chucrut, los pepinos agridulces, la kombucha y el chocolate amargo, entre otros. Incorporarlos ayuda a fortalecer los microorganismos de nuestro cuerpo y la inmunidad frente a diversas enfermedades.
Aunque la función específica de los probióticos es equilibrar las bacterias buenas y malas que tenemos en el tracto digestivo, no se puede sin embargo generalizar con los probióticos. “Algunos estudios clínicos sugieren que existen determinados probióticos que pueden ayudar en determinados casos, pero no todos en todos. Según el American College of Gastroenterology, el Bifidobacterium infantis puede ayudar a tratar el síndrome del intestino irritable, mientras que Saccharomyces boulardii y Lactobacillus rhamnosus CG pueden reducir el riesgo de diarrea en adultos que están tomando antibióticos”, dice la nota de The New York Times. “Los consumidores de probióticos tienen que hacer bien la tarea antes de tomar decisiones. Deben buscar aquellas marcas que declaren la información completa de su composición en sus etiquetas, y cruzarla con las indicaciones del médico”, dice la nota de The New York Times publicada en 2019.
La modalidad más difundida de la suplementación de probióticos es el consumo de alimentos fermentados. “¿Por qué fermentados? La fermentación es una de las técnicas más antiguas para la preservación de alimentos. La humanidad lleva siglos fermentando comidas y bebidas, como el vino y la cerveza, por ejemplo. Un alimento fermentado pasó por un proceso de lactofermentación en el cual las bacterias naturales se alimentan del azúcar y el almidón que contienen los alimentos para crear ácido láctico. Este proceso genera un ambiente que, además de preservar el alimento, produce enzimas beneficiosas, vitamina B y ácidos grasos Omega-3, como también otras clases de bacterias buenas”, dice How to get more probiotics que publica Harvard Health. “La fermentación es eso que transforma un alimento en otro: el repollo se convierte en chucrut, los pepinos en pickles, los porotos de soja en miso, y la leche en yogur o en queso.”
“Fue el microbiólogo Iliá Metchnikoff (1845-1916) el primero que asoció la buena salud y la longevidad con el consumo de lácteos fermentados en grandes cantidades. Él creía que los organismos que producen ácidos y que se encuentran en los lácteos podían mantener limpio el intestino grueso. Consumidos regularmente, estos alimentos son garantía de una vida más larga y más sana, creía Metchnikoff. Una versión del Antiguo Testamento relaciona la longevidad de Abraham -que vivió 175 años- con la leche agria que le gustaba consumir. Los lácteos fermentados también se usaban en el Imperio Romano para controlar la inflamación de las entrañas”, dice el artículo de Harvard.

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