Memoria

La atención se cultiva.

F.A.S.T. mind es la sigla en inglés de los síntomas más comunes del ADHD o Trastorno de Hiperactividad y Falta de Atención. La F corresponde a forgetful, olvidadizo. La A es por Achieving below potencial, subrendimiento. La S es por stuck, atascado. Y la T es por Time challenged, apremiado. En este sentido, tener una mente fast no quiere decir precisamente veloz: es la manera de nombrar una mente con ADHD.

“Aunque estos síntomas se manifiestan de distintos modos en la vida de las distintas personas que lo padecen, sus principales indicios incluyen dificultad para concentrarse, incapacidad para gobernar la propia conducta y/o desorganización generalizada. Uno de cada 25 adultos padece estos síntomas y desconoce el motivo,  hasta que finalmente se decide consultar al médico y recibe el diagnóstico de ADHD o Trastorno de Hiperactividad y Falta de Atención. Durante décadas este trastorno estuvo asociado a la infancia, pero en el último tiempo crece la hipótesis de que -al menos en la mitad de los casos- los niños que tuvieron ADHD también lo padecen de adultos. Aunque tradicionalmente es más frecuente en niños que en niñas, el Trastorno de Hiperactividad y Falta de Atención también afecta a las mujeres. Lo que pasa es que ellas suelen ser más tranquilas y no entran en el estereotipo del kilombero impulsivo e hiperactivo con el que se asocia el trastorno. Pero ellas también pueden sufrirlo, aunque lo padecen en silencio”, escribe Craig Surman en su libro Fast Minds: How to Thrive if You Have ADHD (or think you might).

“De repente empezás a notar que te olvidás de cosas que hacés todos los días, o que te distraés cuando estás en el medio de algo, o que perdés el hilo de la conversación cada vez con más frecuencia. Puede que lo que tengas es ADHD, un cableado cerebral distinto que suele asociarse a la infancia. En adultos, en cambio, este trastorno se manifiesta con problemas de memoria y atención, más que con hiperactividad”, dice el artículo titulado Is that brain fog really adult ADHD? (Es esta niebla mental ADHD de la madurez?), que publica Harvard Health.

Más hermanas que primas-hermanas

Memoria y atención no son, digamos, dos bolillas distintas en un examen de neurociencia. Están estrechamente vinculadas. “El proceso de codificación que realiza la memoria se basa en el principio de selección, esto quiere decir: depende de la cantidad de fuentes de información sobre las que puede elegir. O, para decirlo de otro modo, la atención que ponemos en nuestras fuentes de información beneficia el proceso de la memorización”, dice un estudio publicado en 2018 por Nicole Long, del Departamento de Psicología de la Universidad de Virginia. 

“La genética cumple un rol fundamental en la memoria, pero también importan las elecciones. Está probado que una dieta saludable, ejercicio frecuente, no fumar y mantener a raya los indicadores de colesterol y presión sanguínea ayudan a tener una buena memoria. Pero tener una mente intelectualmente activa también es clave. Así como los músculos se mantienen firmes gracias al ejercicio, la gimnasia mental sostiene la memoria. En este sentido, cualquier actividad mental es mejor que estar tirado en un sofá mirando el techo. Las más recomendables son aquellas que sacan a la mente de su zona de confort: no alcanza con jugar rondas infinitas de solitario o entregarse a una maratón en History Channel; es preferible aprender un idioma o hacer voluntariado, porque son actividades que esfuerzan más al cerebro”, publica Harvard Health.

Aunque abundan los suplementos para la memoria, que se pueden comprar sin receta y por ML, no está probado científicamente que sirvan para algo. En general, son un compuesto de ácidos grasos Omega3, vitamina D y vitamina E, nutrientes que abundan en la dieta del Mediterráneo, reconocida como una de las más positivas para las funciones cognitivas.

Más no siempre es mejor

TheG entrevistó a Martina Rua, periodista, columnista del diario La Nación, comunicadora especializada en innovación y productividad, y autora de La Fábrica del Tiempo, técnicas para optimizar el tesoro más preciado de la vida moderna, junto a Pablo Fernández.

Estamos acostumbrados a pensar que ser productivo es hacer mucho, pero a menudo esto afecta nuestra salud física y mental. ¿Cuál sería un modelo óptimo de productividad?
Para la Fabrica de Tiempo pensamos en una productividad equilibrada, que tienda a un balance entre todo lo que hacemos y somos. Es una productividad que incluye al descanso o al no-hacer. En esta era pospandémica se está haciendo más necesario que nunca: al día de hoy se sabe que estamos trabajando dos horas más que antes de la pandemia, y que 8 de cada 10 personas a nivel global experimentan ansiedad y incertidumbre. El concepto de bienestar se está repensando en las organizaciones. La productividad ya no sólo quiere decir llegar a las metas sino cómo se alcanzan sin descuidar el bienestar de las personas.

¿La productividad varía con la edad? ¿Qué otros factores inciden en ella?
Son muchos. Y están ligados a las capacidades pero también al momento de vida que uno está pasando. No creo que se deba pensar que la productividad depende de la edad sino más bien del contexto, de cómo uno está, de cuál es tu nivel de bienestar.

Productividad no quiere decir estar todo el día al máximo de capacidad, ¿verdad? ¿Cuál es el modelo al que debemos aspirar?
A nivel global se está hablando de una ética del descanso. Se entiende que esto es un factor de bienestar pero también una estrategia de negocio. Porque está demostrado que las compañías donde las personas no se toman vacaciones no son más productivas, y luego piden licencia por salud mental. Se está viendo a nivel global el caso de compañías grandes que cierran sus oficinas una semana en el año (por fuera del periodo de vacaciones) para que la gente descanse. Hay un nuevo bienestar, con el descanso como factor de productividad.

Necesito alguien que limpie mi cabeza

La productividad no tiene nada que ver con la administración del tiempo sino con la atención que somos capaces de poner en lo que hacemos. A veces invertimos un buen rato en planear nuestro día, o nuestra semana, y esta organización se vuelve una procrastinación en sí misma.

Para aprender a poner un poco de orden, TheG entrevistó a Jackie Fedele, terapeuta floral y artística.

Supongamos que una persona te consulta porque está dispersa. ¿Cómo podés ayudarla?
Para trabajar con la atención, lo primero que hacemos es visualizar su biografía antes de su consulta. Después, le pido a la persona que me consulta que visualice todas las áreas de su vida: la familiar, la salud, los vínculos amorosos, el trabajo, los proyectos y lo social. La idea es identificar estas áreas y cómo me encuentro en cada una. Después divido el año en cuatro etapas de tres meses cada una, porque la idea es cruzar ambos abordajes para hacer una evaluación integral: cada uno de nosotros es una relación entre adentro y afuera, estamos inmersos en el mundo.

¿Poner en orden la cabeza se refleja en lo que hago?
Sí, el objetivo de la consulta es llevar la mente a un planteo minimalista para poder ponerla al servicio de la atención. El orden da tranquilidad. Entrar a consciencia en una de las áreas me releva de la otra. Por ejemplo: salir de casa para ir al trabajo me saca del área familiar, y así muchas veces en el día entre las distintas áreas. Lo que yo recomiendo es visualizar por unos segundos lo que voy a hacer a continuación. Se trata de saber dónde estás parado.

¿Cómo es el tratamiento, concretamente?
Consta de tres sesiones donde exploramos la relación de la persona con cada una de las áreas que nombré más arriba. Vamos avanzando con preguntas y algunos ejercicios que ayudan a concientizar. Se acompaña con la terapia floral, que es una terapia no invasiva que acompaña el proceso anímico que cada persona transita.

Vivir el momento: ¿es una utopía o puede hacerse?
Es una disciplina, es algo que se va conquistando en el tiempo. La idea es recuperar el gobierno de tu vida, convertirte en protagonista en lugar de dejarte arrastrar por las urgencias o los mandatos. Pero, para que esto se revele, es fundamental trabajar con las áreas para que el alma se asiente, se calme. Cuando vos sabés que entrás y salís porque querés, la ansiedad se disipa.

¿Cuán útiles son las agendas?
Para mí la escritura es fundamental. Es una herramienta espectacular para el orden. Yo prefiero un diario personal con hojas blancas porque permiten más creatividad, porque vos podés armarte el esquema que quieras. Un planner organizado en días ya supone una obediencia, por decirlo de algún modo.

En inglés, existen varias expresiones que nombran mentes que padecen cierto déficit de atención y de memoria, temporario o permanente. Foggy mind (mente nublada), monkey mind (mente inquieta), mommy brain (mente olvidadiza) son sólo algunas. El cerebro es el órgano más complejo del cuerpo, pero la buena noticia es que puede entrenarse. La ciencia confirma que, con tiempo y con práctica, se puede recablear.

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