Pasar

Con el cuerpo y la mente.

En 1909, un antropólogo francés llamado Arnold van Gennep escribió un libro que tituló Los ritos de paso, donde ahonda en las ceremonias que acompañan las múltiples transiciones que nos toca atravesar en la vida. Van Gennep divide los ritos del pasaje en tres categorías: los de separación (que son los que cambian el estado de una persona, como irse de la casa de los padres, casarse, divorciarse, morirse), los de transición (que acompañan los cambios en el tiempo, como el Año Nuevo, la luna nueva, los solsticios de invierno y verano) y los de incorporación (que celebran el paso a un nuevo estado, como puede ser obtener un título universitario, o un trabajo, por ejemplo). Aunque todos se festejan distinto según las diferentes culturas, en general son reuniones que se acompañan con banquetes y a las que se asiste vestidos para la ocasión. Su objetivo es aliviar el estrés que sienten las personas ante al cambio, una suerte de aprobación grupal del nuevo estado.
Un rito de pasaje es un proceso enraizado en la tradición que marca el paso de una persona o un grupo de un estado de la vida a otro. Para la religión judía, la Pascua es uno de los rituales principales y conmemora la liberación de los judíos de la opresión egipcia. En hebreo se llama Pésaj, y significa pasaje. Cuentan la Torá y el libro del Éxodo del Antiguo Testamento que Yahvé mandó diez plagas a Egipto para diezmar las tierras del faraón y facilitar la salida de su pueblo. Simbólicamente, Pésaj es la fiesta de la libertad, no solamente en tiempos bíblicos sino siempre, porque conmemora el pasaje a la libertad física pero también la redención espiritual.
Cambiar de año es un pasaje, y contiene la idea de que algo puede ser distinto, una oportunidad más de llegar a la tierra prometida de nuestra libertad interior.

La idea del cambio
“La antigua filosofía china hace mucho hincapié en los ritos. Para ellos, los ritos no son precisamente una herramienta de socialización que confirma quiénes somos: la razón por la que los hacemos es justamente para romper nuestros patrones personales y para abrirnos a otras posibilidades. En eso consiste la sabiduría para los chinos: en la idea de que debemos forjar nuestra personalidad, impedirnos caer en automatismos, provocar pequeños cambios en nuestras acciones diarias que terminen repercutiendo en nuestra personalidad y en los ámbitos en los que nos movemos”, explica Michael Puett, profesor de Historia China en Harvard y autor del libro The Path, A New Way to Think About Everything.
“Confucio, Mencio y otros filósofos chinos enseñaban que los actos más mundanos pueden generar un efecto dominó, y es lo mismo que enseña Puett a sus alumnos en sus clases: que tomen más conciencia, que observen de qué manera hasta el acto más pedestre, como sostenerle la puerta a alguien para que pase o sonreírle al almacenero, tiene el poder de cambiar el curso del día porque afecta la manera en la que nos sentimos. Ese subidón de energía que sentimos después de salir a correr, una buena conversación con un amigo o el arrebato de bronca que nos provoca que alguien se nos cuele en la fila: ¿qué tiene que ver esto con las grandes cuestiones de la vida? Tiene todo que ver, de hecho. Desde el punto de vista de la filosofía china, estas pequeñas acciones cotidianas son una inagotable oportunidad para conocernos mejor. Cuando percibimos y entendemos qué es lo que nos hace enojar, o nos da felicidad, empezamos a desarrollar mayor conciencia de quiénes somos y esto nos va a ayudar mucho en la vida, sobre todo cuando nos toque enfrentar situaciones nuevas. Mencio enseñaba que si uno cultiva lo mejor de su naturaleza humana en las cosas más pequeñas de todos los días, uno adquiere el poder de convertirse en una persona muy influyente, capaz de cambiar la vida propia pero también la de las personas que nos rodean, hasta llegar a manejar el mundo desde la palma de la mano”, dice la nota Why Are Hundreds of Harvard Students Studying Ancient Chinese Philosophy? que publica The Atlantic.

Cómo manifestar
Lacy Phillips es la fundadora de To Be Magnetic. Experta en manifestación y conferencista, Phillips enseña a desbloquear cualquier idea de desmerecimiento que podamos alojar en el inconsciente para sintonizar con lo que queremos atraer a nuestras vidas. En 2019, lanzó The Pathway, un workshop digital que hace hincapié en la importancia de crear nuevas vías neuronales para redireccionar la energía.
“Este proceso se fundamenta en la neuroplasticidad, que no es otra cosa que la maravillosa habilidad del cerebro para cambiar. Es un hecho que cada vez que aprendemos algo nuevo, nuestro cerebro se modifica. Nuestros cerebros tienen la forma de nuestras experiencias, tanto las positivas como las negativas. Nosotros podemos partir de nuestras buenas experiencias para manifestar las cosas que anhelamos para nuestra vida, o sucumbir a nuestra narrativa inconsciente más pesimista. Identificar y reprogramar nuestras ideas limitantes es lo que aprendemos en este workshop. La clave para crear efectos duraderos en el cerebro es la repetición y la intensidad emocional, es por eso que recomendamos un compromiso diario con el trabajo”, explica en howtomanifest.com.
¿Cómo se hace?

  • “Los formas tradicionales de manifestación te piden que escribas o dibujes lo que querés manifestar. Pero al final no pasa nada. Es que los resultados llegan cuando reprogramamos nuestro inconsciente, nos comprometemos a trabajar nuestras sombras y elevamos nuestra autoestima. La ley de atracción se basa en el valor que nos damos. Cuando nos sentimos merecedores, merecemos.”
  • “El poder de tu mente es profundo. De hecho, tu inconsciente gobierna el 100% de las manifestaciones. Sólo vas a poder atraer aquello que verdaderamente creés que merecés. Reprogramar el inconsciente lleva tiempo, pero es mucho más efectivo que escribir tus intenciones o ponerlas dentro de una cajita.”
  • “Trabajar nuestro lado oscuro es la clave. Allí están los aspectos de nosotros que rechazamos, que obstruyen nuestra autoestima y que nos impiden manifestar. Adueñarnos de nuestras sombras es el camino de la sanación.”
  • “A menudo confundimos valor con amor propio. Son cosas distintas. Nuestro valor es la idea que tenemos de nosotros en general, mientras que amor propio es cómo nos sentimos en un momento dado. El valor propio se va construyendo en el inconsciente desde los 0 a los 25 años. Cualquier dolor, abandono, rechazo o trauma que experimentamos en ese período formarán la base de la idea que tenemos de nosotros. Para cambiarla, es necesario reprogramar el pensamiento.”

“En la fiesta de fin de año, morimos y nacemos a un nuevo comienzo, con el interrogante de qué hará cada quien con este simbólico despertar”, dice María Andrea Yannuzzi, psicóloga, PhD en la Universidad de Pittsburgh y terapeuta de negocios. “Entonces formulamos resoluciones (re-soluciones) que son búsquedas, anhelos, pedidos, acciones para materializar algo distinto de lo anterior o para mantener lo bueno de hoy. El 2020 fue un tsunami de pérdidas y desafíos. Esperamos que 2021 traiga una oportunidad para dejar de repetir el error, haciendo o tolerando aquello que nos daña, la oportunidad de animarnos a construir con esperanza y coraje por sobre nuestros temores y penas, en plena conciencia de que cada gesto nuestro afecta a los demás.” “Somos cambio. Somos parte de un sistema en red de redes, como neuronas interrelacionadas en el universo, seres en transformación permanente. Cada vez que cambiamos, algo cambia para cada quien, para adentro, para afuera, para los demás… Es como sacar una carta del mazo y cambiar toda la partida. Es barajar y dar de nuevo”, dice la psicóloga María Andrea Yannuzzi.

¡Feliz pasaje, gellys!

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