Socios

Sassy, en inglés, quiere decir atrevido. En este caso atrevida, porque así definía la prensa a Carolyn Bessette, quien fue la mujer de John John Kennedy, hijo del presidente de Estados Unidos y Jackie Bouvier. Justamente porque era picante, dicen, Carolyn captó en un instante la atención de JFK Junior, acostumbrado a que las mujeres se rindieran a sus pies sin esfuerzo, porque era “el hombre más sexy del mundo” según la revista People.
Cuando John John conoció a Carolyn, él era director de la revista política George y había salido con varias de las mujeres más famosas de su generación, como Cindy Crawford, Madonna, Daryl Hannah y Sarah Jessica Parker. Carolyn trabajaba en Relaciones Públicas para Calvin Klein y tenía ese magnetismo propio de las mujeres a las que no les importa parecer bellas. Rubia, ojos claros, un pelo en cascada sobre sus hombros flacos, vestía el minimalismo esencial de las prendas caras de marca. No le gustaban las notas. No aspiraba a la fama.
El cuento de hadas dice que la primera vez que se vieron fue en Central Park, a donde los dos iban a correr. Pero lo más probable es que alguien los haya presentado. El flechazo fue inmediato. Sobran en la red fotos de ellos besándose en el parque, o tomados de la mano, ella sobre las faldas de él, riendo, mirándose a los ojos, su melena blonda tirante en un rodete bajo, labios carmín y aros de perlas. Pero también hay una serie que registra una discusión vehemente de Carolyn y John John en el parque, y que termina con él sentado en el cordón de una vereda, cabizbajo, y ella intentando consolarlo.
Dicen que formaban una pareja fogosa. Y que los problemas empezaron ahí nomás de su casamiento, que fue una ceremonia de cuento en una capilla de madera en Cumberland Island, en Georgia. Ella con su famoso vestido de seda cortado al bies de Narciso Rodríguez, un vestido que era nada y era todo al mismo tiempo. Dicen que no estaban de acuerdo sobre el tema central de tener o no tener hijos. Dicen que se puso todo tan feo que pronto empezaron a dormir en casas separadas.
Y un día murieron en un accidente. La avioneta que piloteaba el mismo John John y donde viajaban Carolyn y su hermana Lauren, cayó sobre el Atlántico cuando se dirigía a una boda del clan en Massachusetts.
Se fueron como una pareja. Pasaron a la historia como un capítulo más de la larga historia trágica de la familia Kennedy. Es irónico pensar que este final temprano terminó con las especulaciones de la prensa, que ya apostaba todo al divorcio millonario. Y, en este sentido, el final dramático se venga de todos como un final feliz, porque siempre hay una intimidad que desconocemos, mucho más real que lo que pasa en los cuentos, donde las parejas tienen diferencias y se toman de la mano.

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