Volver a nacer

De qué se trata la técnica del reparenting.

“Esta historia empieza el día que Emilia, la hija de Tania, le pidió a su madre que la ayudara a bajarse de un pasamanos de la plaza porque no podía. ‘Le dije que se bajara sola, pero ella me contestó que no sabía cómo. Enfurecí. Me pareció que se estaba haciendo la boba, porque perfectamente podía hacerlo sola. Bajate ya, le grité. Finalmente lo hizo. Enseguida quiso darme la mano, pero yo estaba enojada todavía. Le dije que no. Se quejó. Cuando llegamos a casa, hice té para las dos. Emilia se calmó y yo resumí la escena en un Dios, qué pesados son los niños a veces. Fast-forward una semana: estamos en el zoológico y hay otro pasamanos. Cuando lo veo, siento un instante de culpa. Obviamente a Emilia también le disparó el mismo recuerdo, porque me miró con miedo. Le pregunté si quería trepar. Esta vez, en lugar de quedarme sentada en el banco mirando mi teléfono, me paré cerca de la estructura y la observé. Cuando ella sintió que se había enredado, estiró los brazos pidiéndome ayuda. Pero esta vez le transmití confianza. Le dije: poné un pie ahí, otro allá, agarráte de eso y vas a poder hacerlo sola. Y lo hizo. Cuando se bajó, me preguntó: ¿Por qué no me ayudaste el otro día? Pensé un minuto y le dije: Cuando era chica, la abuela me trataba como una princesa y me llevaba a upa todo el día y me decía que tuviera cuidado con todo. Como me hacía sentir incapaz de hacer cualquier cosa sola, no aprendí a confiar en mí. Yo no quiero que te pase lo mismo a vos, y es por eso que no te ayudé el otro día. Todo me hizo acordar a cuando tenía tu edad y no me dejaban trepar sola. El recuerdo me enojó y me las agarré con vos, y no fue justo. Emilia alzó la mirada y me dijo: Ah, yo pensé que no te importaba. Y yo: ¡Claro que me importaba! Pero en ese momento no me di cuenta de que lo que me pasaba era que estaba enojada con la abuela, no con vos. Perdón.’

Esta anécdota forma parte del libro The book you wish your parents had read (and your children will be glad that you did), de la psicóloga inglesa Philippa Perry. “Somos eslabones de una cadena que viene de milenios atrás y llegará hasta quién sabe donde. La buena noticia es que podemos aprender a sacarle brillo a nuestro propio eslabón, y esto va a mejorar la vida de nuestros hijos, y de los hijos de nuestros hijos. Y podemos empezar ya.”

Adoptarse

El reparenting es un tipo de terapia que apunta a corregir conductas que se fundan en un trauma o abandono que ocurrió en la infancia. “Le propone al paciente trabajar un trauma relacionado con sus padres, y el analista toma ese lugar”, explica Psychology Dictionary. La idea es que el analista responda con el amor y la atención que ese niño debería haber recibido en aquel momento.

El reparenting surgió en la década del 70 en la práctica de una trabajadora social norteamericana llamada Jacqui Schiff. Inicialmente, se apoyó en los principios del análisis transaccional, que básicamente repasa los intercambios sociales que una persona tuvo en su vida para explicar su comportamiento adulto. Schiff practicaba una terapia regresiva que no fue tan bien vista después, pero algunos conceptos del reparenting sobrevivieron hasta hoy.

El reparenting trabaja sobre tres ejes: el adulto, el niño interior y el padre.

El adulto es la persona hoy. El niño interior es retrotraerse a ese momento que hay que volver a trabajar. El padre es el terapeuta, que dará una respuesta que permita -con el tiempo- ir sanando la herida y despojándose de esa carga emocional que se pone de manifiesto en nuestras relaciones adultas.

El caso de Dr. Nicole LePera

Nicole LePera es una psicóloga holística fundadora del Mindful Healing Center de Philadelphia. En su página, The Holistic Psychologist, LePera cuenta de primera mano su experiencia con el reparenting.

“Tuve dos padres (físicamente) presente pero emocionalmente ausentes. Mi madre era ama de casa y mi padre llegaba a casa todos los días a las 5.30 para cenar. Mis padres tenían ambos más de 40 cuando me tuvieron; me llevo 18 años con mi hermano. Para cuando llegué a sus vidas, ellos estaban en otra. Mi madre luchaba con un dolor crónico y mi hermana (que tenía sus propios problemas de salud) había pasado por varias cirugías en su infancia y adolescencia. La muerte y la enfermedad ocupaban el centro de la escena en casa.”

“Yo tenía cero disciplina. Desde muy chica, yo misma decidía a qué hora me iba a ir a la cama, qué iba a comer y a qué hora iba a volver a casa. Mi mamá se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama.”

“Había mucho caos y co-dependencia. Ahí es donde empieza mi ansiedad, que se manifestó en una alimentación desordenada y en una conducta obsesiva orientada a los logros. Claro que esto no era visto como negativo, porque me iba muy bien en el colegio y los deportes. Ganaba premios. Me daban becas. Así me adapté, y canalicé mi ansiedad. La gente no entiende que debajo de toda esa exigencia hay mucho dolor.”

“Cuando tenía 30 y ya no iba al colegio ni hacía deportes, quedaron en evidencia otras manifestaciones negativas: gastaba mucho, no sabía poner límites y no le daba ninguna importancia a mi salud física o espiritual.”

“Descubrir el reparenting fue el principio del cambio. No se trataba de que todo esto que me pasaba fuera culpa de mis padres. No tenía nada que ver con lo que ellos fueron como personas. O cuánto me quisieron. Ellos hicieron lo mejor que pudieron con su nivel de conciencia. Pero ahora me tocaba a hacer algo con mi nivel de conciencia.”

La Dra. LePera explica en “What is reparenting and how to begin” que no se necesita de un profesional para practicar el reparenting. Existen técnicas que pueden practicarse individualmente que aumentan el nivel de conciencia.

  1. Tomar aire. Reparenting no es algo que se hace de la noche a la mañana sino un proceso que puede llevar su tiempo. Es necesario tomárselo con calma.
  2. Proponerse una meta y cumplirla. Tiene que ser algo que la rutina permita, y no una acción magnánima que de hecho no se va a cumplir, como proponerse ir al gimnasio todos los días. Mejor optar por darse unos minutos para meditar, o levantarse más temprano, o no tomar gaseosa, por ejemplo. Y hacerlo.
  3. Contarle a alguien. Mientras no sea contárselo a los propios padres, porque puede resultarles doloroso, se puede compartir con un amigo/a o con la pareja, e incluso se puede intentar hacerlo de a dos.
  4. ¿Qué puedo hacer por mí ahora? La Dra. LePera aconseja usar esta pregunta como un mantra. La idea es volver la atención sobre el deseo propio, y permitirse expresarlo, como si fuera el capricho de un niño. “Ahora que somos adultos podemos concedérnoslo nosotros mismos.” Lo importante es registrar las emociones, y hacerse esa pregunta todas las veces que sea necesario.
  5. Auto-complacerse. Se trata de reconocerse en el proceso, de celebrar los logros del reparenting, de no hacerle la vista gorda a los progresos que vamos logrando. “Es un trabajo del alma.”

Amar nuestro niño interior

Existen algunos objetos que pueden ayudar en el proceso de sintonizar la energía del niño que todos llevamos dentro.

Una foto nuestra de cuando éramos niños/as. Sacarle el polvo, enmarcarla y dejarla a la vista. No hay forma de que esa imagen no dispare inmediata ternura por la persona que fuimos, y súbitas ganas de protegernos.

Un diario íntimo. Es tomarse un tiempo cada día para volcar en una hoja lo que sentimos, sin filtro, o lo que deseamos. Además de que sirve para volver a sentir, el ritual reproduce la sensación infantil de confesarnos sin miedo, porque nadie nos va a leer porque nos protege un candado.

Una mascota. Es la encarnación de nuestros deseos infantiles, la evocación de nuestro niño interior. Una mascota enhebra imágenes de juego y de inocencia. Si no se puede tener una mascota, pensemos en aquello que nos gustaba mucho hacer cuando éramos chicos, como deshojar una margarita, o comer dulce de leche a cucharadas, y démosle otra oportunidad.

Un amigo/a. Puede que ya no conservamos amigos de cuando éramos chicos, pero tal vez están cerca y podemos retomar contacto. Aunque ya no tengamos nada en común, podemos juntarnos a tomar… ¿un helado?

¿Necesito reparenting?

Algunas preguntas que pueden ayudar a identificar si darle una oportunidad a esta técnica:

  • ¿Creés que tuviste necesidades insatisfechas en la infancia? ¿Cuáles?
  • ¿Cuál era el mecanismo al que recurrías para lidiar con lo que te provocaba esa necesidad insatisfecha?
  • ¿Qué de aquel mecanismo arrastrás hasta hoy o se activa en tus relaciones adultas?
  • ¿Qué creés que te pasaría hoy si te enfrentaras a la misma necesidad? ¿Cómo esto afectaría tus emociones?
  • Si sos padre, ¿hay algo en la crianza de tus hijos a lo que estés especialmente atento? ¿Por qué?
  • Si sos padre, ¿notás que algo de todo lo que pasa en la rutina con tus hijos te provoca una reacción desmedida? ¿Con qué lo relacionás?

Tal como soy

No se trata de ser perfectos, justamente. Se trata de aceptarnos como somos. Ya sea como padre, o como un adulto funcional, la técnica del reparenting puede ayudarnos a encontrar un camino nuevo para salir de una situación emocional que nos lleva siempre al mismo lugar de bloqueo.

Encontrar esos puntos ciegos puede demorar un tiempo, porque se trata de probar algo diferente a lo que nos sale naturalmente. Es como reeducarnos, pero suavemente. Es escucharnos. Es atendernos. Es cuidarnos como cuidamos al niño (que fuimos): con amor. “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”, dijo Freud.

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