Hipervigilancia social

Una forma de ansiedad.

Se trata del estado de alerta. Una persona que padece hipervigilancia se percibe demasiado sensible a todo lo que lo rodea, como esperando un golpe de algún lado, como escaneando amenazas que suelen no ser reales sino más bien producto de un cerebro con demasiadas revoluciones inconducentes.
“La hipervigilancia es un factor común en los trastornos de ansiedad, incluido el pánico y el estrés post traumático. En algunos casos, es lo suficientemente extrema como para llevar a la persona a un estado de preocupación agudo porque percibe peligro donde no lo hay. Y esto puede empeorar en lugares ruidosos o en eventos con mucha gente, lo que la mueve a adoptar rituales obsesivos para poder lidiar con las emociones”, explica el doctor Jerry Kennard en Health Central.
“El proceso de la hipervigilancia se manifiesta como un escaneo rápido que luego da paso al aumento y concentración de la atención cuando se percibe una amenaza. Esta amenaza percibida cobra enseguida más potencia y dispara cambios de conducta. La persona hipervigilante encontrará una manera de escapar de la situación y, si no le es posible hacerlo, entrará en un estado alterado que no cesará si no aplica mecanismos de afrontamiento o si no recurre a alguien o a algo que pueda ayudarla”, continúa Kennard.
Una forma muy común de hipervigilancia es la fobia social. Es sentir, en un contexto de gente desconocida, que todos me están mirando y preocuparme al extremo por lo que puedan pensar de cómo actúo o cómo me veo. En su manifestación más aguda, puede hacer que me desconozca.

Cómo se siente
La ansiedad es la respuesta natural del sistema nervioso autónomo ante una amenaza de peligro. Desencadena una serie de reacciones en el cuerpo que lo preparan para la lucha o la huída.
Según explica la literatura médica, ante un peligro percibido el cuerpo libera adrenalina, aumenta el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria: se pone en estado de alerta para enfrentar la lucha, o para salir corriendo. En su manifestación más extrema, la reacción puede hasta nublar las funciones cognitivas, dilatar las pupilas, provocar sordera temporaria y temblores: por eso no se pueden tomar decisiones en este estado de arrebato, porque los sentidos están disminuidos y hacen que nos perdamos los detalles.
Es poco frecuente que un encuentro social dispare esta reacción extrema, aunque es muy común que una aglomeración de personas nuevas nos dé ganas inmediatas de tomar una copa de vino para poder lidiar con los nervios.
“La hipervigilancia se caracteriza por una excitación física y psicológica aumentada. Físicamente, la persona puede transpirar, acelerar los latidos de su corazón y alterar su respiración, que se vuelve superficial y más corta. Emocionalmente, la persona puede recurrir a distintas técnicas que la ayuden a sentirse más segura. Llevar un gas paralizante en la cartera, por ejemplo, evitar las situaciones en las que alguien se sienta detrás nuestro o mantenernos despiertos toda la noche porque hubo un ruido en la cocina y hay que estar alerta”, explica Jerry Kennard en Health Central.

Cuáles son sus causas
“La hipervigilancia puede tener su raíz en un trauma del pasado. Cuando aprendimos a reaccionar con hipervigilancia para sentirnos seguros en nuestros entornos más tempranos”, explica Nicole LePera, psicóloga y fundadora de @the.holistic.psychologist.
“Algunos niños aprenden que, para recibir amor, deben mostrarse hipervigilantes del estados emocional de quienes los rodean. Digamos, por ejemplo, que tuvimos una madre hipercrítica, muy perfeccionista. Para ganarnos su amor, teníamos que ser de determinada forma o mantener todo limpio y prolijo. Inconscientemente, el mensaje aprendido es no soy digna de amor a menos que sea perfecta. Y así ponemos el foco fuera de nosotros para asegurarnos la aprobación de mamá porque, cuando somos niños, amor es sobrevivir.”
“Aunque de grandes ya no relacionemos el amor con la supervivencia, muchos de nosotros todavía lo sentimos así. Esto se debe a que nuestras relaciones iniciales determinan nuestra manera de vincularnos. Si no sanamos nuestros patrones de relacionamiento, los llevaremos con nosotros toda la vida”, explica Nicole LePera.
En otros casos, la hipervigilancia es la respuesta a un evento traumático puntual, como la muerte de un ser querido, un accidente o un evento de salud, que nos pone en guardia por miedo a revivirlo, o las sensaciones que nos disparó. Es cuando el mundo se nos vuelve hostil.

Cómo se controla
Ante un ataque de hipervigilancia, Nicole LePera sugiere:

  1. Mover el cuerpo y la mente: yoga, Tai Chi, kickboxing.
  2. Técnica de Liberación Emocional (EFT), también conocida como tapping. Es una psicoterapia que combina elementos de la acupuntura con la psicología moderna y consiste en presionar distintos puntos del cuerpo en secuencias repetitivas que son fáciles de aprender y realizar.
  3. Meditar: “Si se practica consistentemente, la meditación tiene la capacidad -científicamente comprobada- de expandir la materia gris de la corteza prefrontal del cerebro. Expandir esta zona ayuda al cerebro a resolver problemas más rápido y a manejar un rango más amplio de regulación de emociones”, explica LePera.
  4. Técnicas de grounding: son todas aquellas que conectan los sentidos con el momento presente. Pies en la tierra, sonidos, olores, la vista en un lugar: todo vale para practicar el reconocimiento del cuerpo.

También estas técnicas vienen muy bien para encarar algunas de las reuniones que marcan la agenda de fin de año. Un poco de conciencia alcanza para no caer en el abuso de comida y bebida típicos de este tipo de eventos. La idea es disfrutar con moderación, que es otro de los sinónimos de paz. O, al menos, saber qué puede dispararnos la aglomeración de personas, para cacharnos a tiempo y manejar la reacción.

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