Quién es Vero Blume

“Soy Verónica Blume. Madre, yoguini, profesora de yoga y modelo intermitente, en ese orden”, dice en su comunicación. Nació hace 42 años en Alemania, hija de padre alemán criado en Argentina y madre uruguaya.
“Nací en un cuerpo sano, largo, flexible. Jamás me plantée si era un regalo, tenia un apetito de campeona y disfrutaba de la comida que me hacía mi madre con muchísimo amor”, cuenta en primera persona en El camino de vuelta, una serie de podcasts que son música para los oídos porque cuentan historias sinceras para aquellas mujeres que buscan tranquilidad y refugio (como su canal de youtube, que vale una suscripción para clases cortas de yoga diario).
“El primer cambio natural llegó en la pubertad. Empecé a sentir esa vulnerabilidad de no reconocer ese cuerpo con pechos, caderas, ciclo menstrual… No me gustaba, pero lo acepté. El cambio radical llegó cuando gané un concurso de modelos. Me instalé en Nueva York con 16 años recién cumplidos: no entendía nada. Lo que se llevaba en esa época era el grunge: las modelos dejaban las curvas por ese tipo de cuerpo andrógino, híper delgado, sin curvas, sin pecho, todo una contradicción con lo que estaba pasando en ese momento en mi cuerpo.”
“Entendí que cuanto más delgada estuviera, mejor me iba a ir. Entonces empecé a vomitar después de comer. El hábito se convirtió en una enfermedad que tomó el control de mi vida por completo durante diez años.”
“Y un día terminó. Terminó desde la claridad y desde el AMOR con mayúsculas, cuando llegó lo que llevaba deseando desde que era una niña. Con 25 años, un test de embarazo positivo: iba-a-ser-mamá. Recuerdo el momento en el que vi el test de embarazo, el mundo entero se paralizó. Y lloré, lloré mucho, de alegría, de gratitud, de emoción y de miedo, muchísimo miedo. En ese momento supe en cada célula que tenia que hacer algo radical con mi cuerpo. El honor de tener una criatura dentro de mí ya no dejaba lugar para que mi ego continuara deformando la realidad. Empecé a entender que no podía seguir destruyéndome. Mi cuerpo era vehículo para un aprendizaje.”
Vero Blume dejó todo y se fue a vivir a Ibiza. Las cosas con el padre de su hijo no resultaron bien, así que se fue sola. En Ibiza descubrió el yoga, que la ayudó a empezar a sanar la relación de su cuerpo con su cabeza. Empezó con kundalini, que es la versión energética del yoga, pero después se instaló en vinyasa, que propone movimientos más fluidos y pausados. Y le sumó meditación.
 “Si tuviera que quedarme con una parte, sería con la meditación, es lo que más me ha cambiado. Cuando el cuerpo y la mente consiguen trabajar juntos en la práctica surge la aceptación, que ayuda a vivir en paz y a disfrutar del momento”, cuenta en una entrevista que dio a EFE.
En su época de modelo, Vero se había comprado un dúplex genial en Barcelona. Allí se instaló cuando volvió de Ibiza. Y empezó a dar clases de yoga a sus amigas, y fue creciendo y creciendo. Y un día tomó la decisión de vender uno de los pisos de su departamento para invertir en su emprendimiento: The Garage.
“Es un centro de yoga y mi camino de crecimiento personal. Nunca hice un business plan, me dejé guiar por la pura emoción. En The Garage he aprendido a dejar caer la máscara. No cambio por nada el aprendizaje que me permitió este proyecto en el que me metí sin contemplar nada más que la llamada de mi corazón.”
Ahora ya no da clases en ese centro, pero ofrece prácticas online y talleres de chakras. Dice que no se considera maestra de nada, cree que la curiosidad y la humildad son claves para seguir aprendiendo. Y que sus maestros son sus alumnos. Es bella, alta, rubia, transmite paz, infunde inspiración. “Hay un dicho que dice que si la vida te da limones, haz limonada. La verdad es que, a medida que me voy haciendo mayor, éste dicho cada vez tiene más sentido y me hace sonreír más. De esas sonrisas dulces que van hacia adentro y ocurren cuando algo te resuena…”

@veroblume

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